lunes, 26 de septiembre de 2016

La Alpujarra del agua (Sierra Nevada)... en la cámara de Pepe Rubia

Por Rafael Fernández Rubio


Un día me encontré con él, allá por la Sierra de Cazorla (Jaén, España); iba con su inseparable equipo fotográfico; iba con "la única que me aguanta" como suele decir: con su Aurelia, su esposa y compañera.

Pepe Rubia recibía el reconocimiento y premio del Proyecto "Conoce tus fuentes", de la Universidad de Granada, no sé si se lo habían concedido por la cantidad de manantiales andaluces que había localizado y catalogado, o por las maravillosas fotos con que los había acompañado.

Pepe me pareció rudo en su mostrarse en público; sincero consigo mismo (¡difícil virtud!); franco y directo en el decir; frugal y espartano en el quehacer... ¡me pareció un buen tipo!... y allí nació un contacto y amistad, que perdura por años.

Desde entonces, semana tras semana, recibo su muy amplio reportaje fotográfico, con el itinerario en general montañero de su última caminada (en planta y en perfil), que muestra velocidades de vértigo en su andar que, ni "metiendo la primera", se tendría fuelle para seguir, y eso que lleva el corazón "reparáo", y que tiene que castigar al tobillo.

Pepe no se conforma con dar un paseo... aunque se queje de que tiene muchas goteras; más parece una cabra montés, que un homínido; no se le resisten pendientes de muchos grados, ni lascas resbaladizas, ni peñascos en equilibrio inestable; ni le echan atrás temperaturas de amaneceres en los que, como decía aquel, no hay ni intemperie en la que guarecerse.

Pepe debe conocer a toda Capra hispanica, que se pasee enhiesta por las cornisas de tajos y despeñaderos; debe haber ahoyado con su planta todos los senderos y veredas; debe haber escuchado "the sound of water", en todas las sinfonías inigualables y en el más pristino de sus ambientes.

Es por todo ello que a Pepe le tengo sana envidia, porque en su quehacer, sin más atadura que la de sus botas, ha encontrado la verdadera calidad de vida, que regala el mejor manjar para el espíritu, y el mejor sueño para el alma. Le falta la pluma a Pepe para desarrollar el relato, y él la suple con la imagen fiel y permanente; por eso, cuando cada semana llega su colección fotográfica al abrir la primera imagen ya se está enganchado hasta llegar a la última.

Con este nuevo amigo he vuelto a subir (virtualmente), a muchas cumbres de Sierra Nevada; caminado casi semanalmente por sus rutas y senderos; bebido de
manantiales con los mejores enfoques fotográficos; refrescado las calores en aguas de deshielo que se despeñan; admirado en su macro a fauna y flora, con sus endemismos y singularidades; sentido, en su fotografiar, y en su decir puro "granaíno" (o motrileño), su profundo humanismo, sin retórica ni hojarasca, despojado de academicismos, en el verdadero "roman paladino", "en el qual suele el pueblo fablar a su veçino" que dijera Gonzalo de Berceo...

Con este verdadero penibetista (que así lo definiría mi padre, Fidel Fernández Martínez), he sentido el silbido de los vientos; perdido la orientación en la densa niebla; escudriñado las lagunas y lagunillos; visto al hielo hacerse agua, y al agua saltar entre rocas y labrar sus caminos, y me he indignado con él por la porquería abandonada por andariegos sin sensibilidad...

Pero, siendo mucho lo que he podido aprender de sus fotografías, que él pone en manos de los demás sin interés crematístico, hoy le quisiera rendir homenaje público de admiración, en esa parcela que domina porque la ama: el agua en la Alpujarra y en general en Sierra Nevada (y podríamos hablar de muchas otras sierras, pero esta sierra nuestra hoy tiene ganada preferencia).

Sin este gran amigo no sabríamos de muchos paisajes del agua, de innumerables rincones escondidos, de improntas de generaciones pasadas, de "haceres" ancestrales... Porque Pepe, en su tremenda sensibilidad, va captando veredas de un agua, en su estado natural, pero también domeñada sin rendirse, conducida en su querencia y en su arraigo que, acomodándose con todo rigor a los principios del más puro "conservacionismo", ha dado y da de beber al sediento y ha dado y da de comer al hambriento, en la más grandiosa de las obras de misericordia.

Sin querer queriendo, sus fotografías muestran toda la sapiencia de las acequias de careo que, en la inmensidad inconmensurable de lomas y "panderones", de nuestra sierra más emblemática, haciendo acequia en su discurrir, siembran gota tras gota en el agreste subsuelo, como orfebre que incrusta hilos de plata, en la epidermis de la montaña. Flujos argentíferos que, en su lento e invisible discurrir por el subsuelo, dan nacencia al minúsculo y milenario liquen y al grandioso y centenario castañar.

A descubrir un poco quien es Pepe Rubia me han ayudado dos de sus amigos (porque él es infranqueable en su humildad). Agradecimiento debo así a José Guirado Uceda y a Pepe Marín Herrera; trío éste de "pepes" o de "josés" (con la integración de Pepe Rubia), que aman a la montaña, y a la fotografía, y se guardan estima y compañerismo, acrisolado por la madurez, y curtido por soles, vientos y aguas... ¡gracias amigos!!!

Pepe, que nace en Motril (Granada) hace apenas 62 años (02/05/1954), en su primera juventud ya se ganó el pan como pintor... Durante el Servicio Militar ("la mili") le animan a presentarse a las pruebas de ingreso en "la Benemérita", ese glorioso instituto armado que es la Guardia Civil, cuyas virtudes no voy ahora a enaltecer (porque no lo necesita).

Se desempeña durante años en Cataluña, siendo sus últimos destinos Baza y Almuñécar, ya en tierras granadinas. Su quehacer ha estado ligado al servicio rural, con mucho monte, mucha Naturaleza y mucho desaprensivo..., hasta su jubilación, que le llevó al senderismo, en su búsqueda de actividades para ocupar el tiempo libre.

Pepe no ha tenido estudios medios ni superiores, es un autodidacta, que sin duda lee mucho, y lo que no sabe lo aprende en Internet. Pepe es oyente habitual de conferencias, en las que desde la sala, o desde el estrado, defiende sus tesis con vehemencia y convicción. Por eso, tal vez, sus amigos le califican como algo "cabezota", pero es que lo que piensa lo ha aprendido de la observación, y lo ha madurado, serena o apasionadamente, en sus diálogos íntimos con la Naturaleza, con la que mantiene trato personal y directo.

Mucho aprendió, también, de Antonio García Maldonado, profesor de Educación de Adultos, en el Centro de Educación Permanente de Motril, y conocido por "el Maestro" (¡bendita palabra!), con quien comulgaba en "el cuidado del medio ambiente, del patrimonio común en todos sus aspectos, de valores tan positivos como la libertad, el respeto, la equidad, la solidaridad...".

Pepe, uno de los alumnos más implicados, trabó gran amistad con el Maestro, que en él depositó gran confianza, asignándole el cargo de "guía" en muchos senderos, empeño en el que no ahorró esfuerzos de documentación y de recorrido previo del itinerario... enseñanzas que las tiene atesoradas en su ADN más profundo y consustancial.

Pepe se ha autodefinido, sencilla pero rotundamente, como "casado, amante de la Naturaleza y de la Vida", sin duda una excelente tarjeta de presentación, firmada con su Pentax y su Nikon, o con la Coolpix de su señora; como él dice "aficionado a la fotografía hasta donde llega el presupuesto", a lo que yo añadiría que llega mucho más allá, porque su presupuesto es exiguo. Pero grandiosos son sus paisajes, discretos sus enfoques, habladoras sus veredas, inolvidables sus naturalezas vivas y enrocadas.

Tal vez ayuda a entenderlo mejor si uno medita en lo que de él dice Pepe Marín, que para entenderlo "como Fotógrafo de la Naturaleza, primero habría que hablar de él como Hombre de la Naturaleza...".

Y, llegado a esta acertada consideración, permite desconocido lector, una rima: "No sigas este relato, / sin antes meditar un rato, / en este fiel y cabal retrato..."

Dice que busca "bischos y flores para afotar", pero añadiré que busca agua para ensoñar, para escuchar su música, para vivir su latir, para seguir el magnetismo de su discurrir... Una prueba, mínima sin duda, son las fotografías que acompañan a este relato, de esas aguas de la eterna Sierra Nevada, nombre que le puso un pueblo sabio, un pueblo sensible, un pueblo lleno de humanidad.

Porque el agua en esta sierra, desde cuando la viste de níveo manto, y desde que le regala el alba inmaculada, con los infinitos tonos de ese blanco, el más policromático de los colores, va a ser ya elemento consustancial de ella. Porque no se puede concebir Sierra Nevada, en general, y su vertiente meridional, La Alpujarra, en particular sin esa agua consustancial de su esencia.

Aguas que, desde su estado sólido, ya arropan la nacencia de tantas y tantas flores, y de tantos microorganismos invernantes e incluso hibernantes.

Nieves impolutas que retiene al agua para mejor momento; para alimentar a centenares de lagunas de origen glaciar, destilando su fruto maduro en un incesante goteo. Aguas puras y cristalinas, sin mácula, nacidas de la fusión de los neveros, que se van a remansar, quedas y trasparentes, en cien lagunas y lagunillos (que tan bien describe otro excelente amigo: Antonio Castillo Martín, en su libro: Lagunas de Sierra Nevada). Lagunas con todos los tonos de azules, blancos y verdes, y con los reflejos acerados de las moles montañosas, y de los escarpados riscos, y de los móviles canchales (eso que los botánicos llaman piso crioromediterráneo).


Nieves que reflejan con toda intensidad a las radiaciones ultravioleta e infrarrojas, porque aquí el espectro de la radiación lumínica se agranda, en sus escalas logarítmicas, para hacernos sentir que también hay energía en lo invisible, y colores que no percibimos...

Nieves que sufren en toda su intensidad las grandes variaciones térmicas, entre el día y la noche, el invierno y el estío. Gradientes térmicos responsables de esa fracturación de la roca (gelifracción), que va a dar lugar a verdaderos ríos de piedras, que discurren lentamente, secularmente, por las empinadas lomas y barranqueras.

Y aquí, en lo más inhóspito, donde parece que vida no podría haber, cada primavera, cada renacer de la existencia, esa vegetación, muchas veces mínima y rastrera, busca para su polinización una floración de intensos colores azules, rojos, amarillos, blancos, para atraer la atención de insectos, que parecen nacidos del hielo y de la lasca. Y Pepe es fiel notario que, en sus fotografías, da fe de su existencia, que es breve pero intensa.

Y Pepe sabe buscar esa flora y esa fauna, como el más contumaz
naturalista y biólogo, para mostrárnosla en sus macros, de tan sutil enfoque, imágenes que gusto guardar  como fondo de pantalla en el ordenador, hasta la siguiente semana, que otras fotos llegarán, a cual más expresiva, para deleitar la vista y recrear los sentidos, porque estos hermanos menores (que así eran para San Francisco de Asís, y así deberíamos considerarlos nosotros), parecen mecerse con el viento, embelesar con sus aromas, y cautivar en sus movimientos...

Porque en esta vertiente de "la solana" alpujarreña, esa vida la da el agua, y la vida espera cada año a que con la primavera se fundan las nieves y se llenen los aljibes, lavaderos y pilares y hasta, antaño, se movieran los molinos hidráulicos enriscados en profundos barrancos. Molinos que, allá por 1572, se inventariaron en 181 de propiedad morisca y 33 de cristianos viejos..

Pero sigamos con ese caminar del agua, que va a dar vigor a tanto tupido tapiz de borreguiles, pastizales, piornales, enebrales, tomillares... con la mayor biodiversidad de Andalucía, y de la Península Ibérica: 80 especies exclusivas y 2.100 especies de plantas superiores... Espacio privilegiado éste, donde los haya, que nos regala el Sumo Hacedor, para que lo disfrutemos, con la responsabilidad de cuidarlo para el disfrute de los hijos de nuestros hijos.

Aquí el recuerdo se me mezcla, también, con esa vegetación de la tundra andina, que he sentido bajo mis pies, en la espina dorsal de esos países hermanos que son Chile, Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela... es por ello que tantas veces los recuerdos de allí me han traído acá, y tantas veces los sentires de acá me han llevado allá... Sin saberlo hay un hermanamiento de estas dos geografías, tan distantes, que se unen en las arterias de un agua que lo valoriza todo, que lo engrandece, que lo iguala...

Aguas, decía que son vida, y vida de vida; que son energía en su discurrir superficial, y siembra para un renacer en su flujo subterráneo. Aguas que son infinitas, pero que son todas una, en ese ciclo hidrológico, que se renueva y cobra vida en cada uno de sus estadios. Aguas que son el más maravilloso e imprescindible de nuestros recursos renovables, que lo son en tanto en cuanto el depredador humano que llevamos dentro (ese homo hominis lupus que dijera Plauto), no las mancille, ultraje y degrade con la maldita contaminación.

Pepe, en sus ascensos y descensos, por la orografía de esta montaña penibética, debe llevar un ritmo imposible de seguir, si no es por su Aurelia, o algún hermano, sobrino o amigo. Pepe no tiene descanso ni cuando hace fotos (que ni para eso para), porque son muchos los kilómetros marcados en ese itinerario de cada día... menos mal que él sabe dónde hay aguas, donde están todas las aguas, donde se ocultan y hasta donde nacen..., porque si nosotros nacemos para morir, ellas "mueren" para nacer...

Es indudable que cuando Pepe se auto-retrata, en Internet, diciendo que no trabaja para ninguna empresa; que tiene por profesión "no dar golpe" (posiblemente es más filosofía que realidad); que busca amistad; que su afición es dormir y que su estado sentimental es casado... Pepe se ha dejado mucho en el tintero, porque es remiso en hablar de él, porque en su simplicidad se guardan valores muy valiosos (y es adecuada la redundancia).

Por eso cuando un día aún cercano le dije que quería hilvanar este relato, su respuesta fue "mi vida es más simple que un botijo de barro, no vale la pena, no merezco nada", y en esa fortaleza se hizo irreductible...

Por eso este relato está escrito a escondidas, con alevosía, pero con mirada franca, sin concesiones, con sinceridad, y homenajeando a quien tanto ha fotografiado a esta montaña, erigida por la orogenia alpina y que, día a día, se empina un poco más, por los empujes de esa placa africana, que se desliza bajo la placa europea, con la complicidad de la placa de Alborán.

Y esto, Pepe, sucede desde anteayer, es decir desde el Plioceno Medio (hace apenas 3,6 millones de años), y seguirá sucediendo hasta que el mundo se serene y acaben sus convulsiones tectónicas (aunque mientras tanto ya deberían terminar las humanas, que más daño hacen)...

Ahora, Pepe Rubia González, si caen en tus manos estos pespuntes, no te reveles contra quienes te aprecian, y han contribuido al relato.

Piensa en cuántos se alegrarán de conocerte algo más, y en cuántos gozarán de tus fotografías, que son como disparos de flash en este blog, y que deberían entrar en el catálogo del "Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad".


Fotografías que habrían de estar a la entrada de cada pueblo empinado en esta Alpujarra, para marcar los pasos del visitante, o el excursionista, o el forastero que, huyendo del mundanal ruido, busca en la soledad, y en la Naturaleza en estado puro, el mejor de los bálsamos para sus quebrantos de cuerpo y alma.

Pepe, un día, por ley de vida (o de muerte), dejarás de hacer fotos de Sierra Nevada y de su Alpujarra... y ese día silenciosas bajarán las aguas; enmudecerán las cascadas; ahogaremos las penas en las acequias;... pero esas aguas, fundidas de las nieves, seguirán infiltrándose quedamente, en homenaje a tu persona; esas aguas continuarán fluyendo ocultas por el subsuelo, como hilos de plata; esas aguas aportarán su cosecha en mil y un manantiales; esas aguas se extrañarán de no verte... , y esas aguas, y todos nosotros, agradecerán y agradeceremos que hayas contribuido a hacer más de todos ese "Conoce tus fuentes", que me regaló el primer contacto personal contigo...

Pepe Rubia: ¡Que Dios te bendiga! ¡Gracias por haber fotografiado una y mil veces a La Alpujarra del agua! ¡Sigue incansable tu quehacer, muchos te lo agradeceremos!...

¡AMIGOS PARA SIEMPRE!!!


martes, 29 de marzo de 2016

Saberes y Haceres de los Pobladores Rurales Andinos. VII Encuentro Andino


Laguna "sembrada" en Quispillacta, Ayacucho (Perú).
Foto: Musuc Briceño.
Rafael Fernández Rubio
Dr. Ingeniero de Minas.

Jorge Novo Negrillo
Licenciado en Geología

Del 14 al 18 de junio del 2016, en la ciudad de Andahuaylas, Apurimac (Perú), se reunirán, pobladores rurales de los Andes de Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador,  en el VII Encuentro sobre Saberes y Haceres de los Pobladores Rurales Andinos.

Este encuentro, es organizado por REDAR Perú (http://www.redarperu.com/) y por el Ministerio de Agricultura del Perú (http://www.minagri.gob.pe/portal/). Como co-organizadores participan AGRORURAL CONDESAN, contando con el auspicio del Gobierno Regional de Apurímac y de los municipios locales de Andahuaylas y Chincheros. CONDESAN lo apoya a través de su Programa de Montañas, que busca, entre sus objetivos, difundir información y facilitar intercambios de conocimientos entre actores clave del desarrollo sostenible de las montañas.

Nada de esto nos es nuevo para el equipo de "Sembrar agua", dentro de este marco, tuvimos el placer de participar en el Foro Electrónico "Crianza del Agua: Experiencias de la Región Andina", celebrado el pasado año 2015, del 21 de septiembre al 2 de octubre.

Acueducto de Achaco, Nazca (Perú).
Foto: Musuq Briceño.
Desde entonces  hemos estrechando lazos entre una y otra parte del océano, disfrutando de un rico intercambio de saberes y experiencias, facilitado la adhesión de otros grupos españoles, buenos amigos todos ellos, que trabajan también con ilusión en el apasionante "sembrar agua", abriendo puertas, a posibles hermanamientos hispano-peruanos, que es de esperar, rindan frutos provechosos en el estudio y difusión de tecnologías populares, que no nos podemos permitir olvidar, saberes con cientos de años de historia, herencias culturales, que sorprendentemente muestran muchos puntos de coincidencia entre las primeras civilizaciones de una y otra parte del globo.

En este encuentro, se dieron cita estudiosos y conocedores de las técnicas ancestrales de gestión de agua, muchos de ellos pobladores rurales de los Andes.

Fruto indudable de esta actividad fue un interesante intercambio de experiencias y conocimientos, dentro de un intenso y variado aporte, conducido por nuestro amigo el Dr. Kashyapa Yapa, estudioso y conocedor de ese mundo inmenso y desconocido de las maravillas hidráulicas tradicionales andinas, y moderado por nuestra también amiga Musuq Briceño, muy eficiente comunicadora.

Yaku Alcalde, o autoridad anual del agua, en
un manantial de Andamarca, Ayacucho (Perú).
Foto: Musuq Briceño.
Un complemento importante de ese foro fue el viaje de intercambio, convocado bajo el título de "Camino del Aprendizaje", del que tomamos la mayor parte de las imágenes que acompañan a este relato, tomadas y cedidas por Musuq Briceño, del equipo de CONDESAN, que ha tenido la gentileza de ponerlas a nuestra disposición. Personas como ella son esa mágica armonía conciliadora que hace posible los enlaces entre hombres buenos, de todo el mundo, como lo han sido y lo son los acequieros responsables del justo reparto del agua, elegidos por  su bondad y justo criterio.

Quebrada de Pacchipucrio, a más de
4.000 m snm en Huamantanga, Lima (Perú).
 Foto: Musuq Briceño.
En aquel Foro  Electrónico los temas desarrollados abordaron los siguientes aspectos: Definiciones y técnicas, almacenamiento superficial, conservación de fuentes de agua, recarga y captación, distribución y consumo, oportunidades de inversión y aplicación, proyectos sociales y culturales... y todo ello con el complemento de interesantes ejemplos de diferentes países de la región andina.

Y así aprendimos del mamanteo, las sallqas, las amunas, el millpu, las cochas, los atajados, el almacenamiento en bajíos, el trabajo comunitario (mingaaynimita), los "puquiales",...

Y así supimos de las experiencias con las que se trata de luchar contra la escasez de agua unas veces, y contra las intensas lluvias otras, según quieran ser las travesuras de El Niño y La Niña; y supimos de la relevancia, efectividad y replicabilidad de estas técnicas... y vimos muchos paralelismos entre lo que se realiza en Sierra Nevada (España), y lo que se efectúa en la región andina.

El objetivo era valorar y fortalecer los conocimientos  ancestrales, y también adaptar y unificar las prácticas modernas a estos conceptos, todo ello sustentado por el respeto y el equilibrio con la madre Tierra y sus recursos. Objetivos que quedaron cubiertos, y a los que hemos de sumar el estrechamiento de lazos de amistad y cooperación, en estos menesteres.

Ahora, como la ocasión merece, queremos hacernos eco de este nuevo encuentro, en la ciudad de Andahuaylas, en los Andes del Perú, con participación de pobladores rurales andinos, además de estudiosos y expertos internacionales de estas temáticas, entre los cuales, respondiendo a la gentil invitación de la Red de Agricultura Rural de Perú (REDAR PERÚ), participará Jorge Novo, geólogo español, apasionado investigador de las técnicas ancestrales de gestión de agua, que forma parte del equipo de este blog de "sembraragua".

Galerías filtrantes de Cantalloc, Nazca (Perú).
Foto Musuq Briceño.
Este encuentro promete mucho, Andahuaylas, que se localiza en la parte sureste de los Andes Centrales del Perú, es un enclave predominantemente andino, con territorio muy accidentado, montañoso, con altas cumbres y profundos valles.

La ciudad, que toma nombre de la conjunción de dos palabras quechuas: anta que significa cobre o celaje, y huaylla que significa pradera, es conocida como "tierrra de los celajes" (por el color del cielo al atardecer). Se localiza por encima de los 2.900 m snm, y alberga una población que supera a los 60.000 habitantes.

Andahuaylas fue cuna de tres culturas preincas, siendo la más conocida la Chanca, cultura esta de guerreros, a la par que agricultores, que se enfrentó a los incas.

Esta región de Apurímac fue uno de los lugares donde se perfeccionó la agricultura, luego de que sus habitantes impusieran una efectiva forma racional de explotación de la tierra, con técnicas tradicionales de agricultura vertical, abonos naturales, rotación de cultivos y trueque de productos. No obstante su población, mayoritariamente rural, es pobre y se encuentra muy desatendida.
Andahuayllas vista desde San Jerónimo. Foto: Iván Soria Solís.
Catedral de Aldahuaylas. Foto: Ryuben.
Actualmente, existe la posibilidad de transformarse en zona minera (dada la existencia de importantes yacimientos de hierro) , Igualmente los pobladores están dejando de lado sus saberes y haceres ancestrales, para convertirse en mineros informales, dado que la minería rinde más que la agricultura.

Esta es una de las razones principales para haber sido elegida sede del evento, en un intento de sensibilizar a la población local sobre la importancia de sus saberes y de su biodiversidad.

Para nuestros compatriotas es bueno no olvidar que fue fundada en 1533 por Francisco Pizarro, con el nombre de San Pedro de Andahuaylas la Grande de la Corona. Según consta en las crónicas de Pedro Cieza de León, aquí dejó Pizarro una cruz de madera, que se conserva en su Catedral. También es bueno recordar que uno de sus distritos tiene una toponimia tan hispana como: Talavera de la Reyna...,

Curiosidad también para nosotros es la celebración del Yawar Fiesta, recreación andina de la corrida de toros española, aquí con el cóndor aupado sobre el lomo del toro, aunando el mestizaje del mundo andino y el hispano.

Ceremonia del pago a la tierra y permiso a la
madre Agua, en Quipillacta, Ayacucho (Perú).
Foto: Musuq Briceño.
El encuentro será, sin duda, espacio de intercambio de experiencias, y de diálogo con pobladores andinos, permitiendo visibilizar y difundir conocimientos y técnicas, que las comunidades rurales manejan desde tiempos inmemoriales, y que mucho tienen que ver con la adaptación a la variabilidad microclimática, y al desarrollo de sistemas socio-productivos; principalmente en el manejo de los recursos naturales y los sistemas productivos.

Igualmente, se pretende generar y potenciar sinergias, entre personas e instituciones, comprometidas con la investigación y el desarrollo del área andina.

Embalse denominado Laguna de los Abuelos, en
Huamantanga, Lima (Perú). Foto: Musuq Briceño.
Serán seguro días intensos de interacción y aprendizaje, entre los campesinos asistentes y los investigadores, encuadrados en una agenda que acoge espacios para ponencias magistrales, trabajos en grupos, visitas de campo y hasta una Feria de Productos, abierta todos los días del evento.

Por nuestra parte, y atendiendo a la gentil invitación de REDAR PERÚ, transmitida por su presidenta la Dra. Sonia Salas Domínguez, además de tener el placer de participar activamente en los coloquios y actividades, con la presencia de Jorge Novo que se desplaza a Perú para este evento, se contribuirá, desde España, con una vídeo conferencia a cargo de Rafael Fernández Rubio, seguida de coloquio.

Vista panorámica de andenes (terrazas), en
Andamarca (Perú). Foto: Musuq Briceño.
En estos encuentros se comparten conocimientos hidráulicos tradicionales, técnicas de gestión y los diferentes dispositivos de siembra y cosecha de agua de los Andes, muchas veces narrados por los protagonistas de las experiencias que se tratan; la experiencia incluye actuaciones modernas y una amplia visión de obras ancestrales, como centenarios andenes, acequias, las impresionantes galerías filtrantes, los puquios de Nasca y otros muchos equipamientos mantenidos desde tiempos pre-incaicos.

Mayor información se puede encontrar en el website: http://www.redar.org, o en http://www.infoandina.org/es/content/encuentro-reunir%C3%A1-pobladores-andinos-para-compartir-sus-saberes-ancestrales Acceso directo a enlace, pero igualmente se puede obtener a través del correo electrónico: redarperu@lamolina.edu.pe.

sábado, 2 de enero de 2016

Sembrador de aguas... apunte biográfico



Rafael Fernández Rubio, acequiero de aguas de amor y de vida

En las balsas de decantación de las minas de Porto Trombetas
(Amazonas, Estado de Pará, Brasil).
Dejo la pluma correr cuando todavía está ahí, detrás de la puerta, este 2015 que se nos ha ido (y que algunos casi lo han echado a empellones); y cuando apenas se ha quitado el sombrero un flamante 2016, que se me antoja va a ser bueno, porque en su genealogía acredita ser múltiplo, nada más y nada menos, que de: 2, 3, 4, 6, 7, 8, 9, 12, 14, 16, 18, 21, 24, 27, 28, 32, 36, 42, 48, 56, 63, 72, 84, 96, 112, 144, 168, 224, 288, 336, 672.


Navegando en el Lago Argentino (Patagonia Austral).
Y se me hace que esta es noche para reflexionar, para fijar la mirada en esa blanca estela, que se antoja surco indeleble escrito sobre el agua, vida que corre por mis venas, refresco de mis sudores, espejo de mi cara, lágrimas de mis ojos, azul de mis amores...

Pienso en "sembrar agua", y entiendo que es lo que he hecho en una vida que va siendo larga, pero que se ha hecho corta y fugaz; que se antoja intensa y productiva; y que, a lo lejos, desde la perspectiva de su lontananza, se muestra fructífera, intensa, vibrante y agradecida... con la satisfacción de haber vivido para dar y entregar, recibiendo siempre el ciento por uno...
Control termométrico en un aforo, en Punta Tubarão
(Espírito Santo, Brasil)

En este recordar, con sus imágenes nítidas o borrosas, con sus claro-oscuros, sus afanes y desvelos, he sentido la gran satisfacción de alumbrar agua para saciar sed, atender abastecimientos, suministrar el más valioso de los recursos naturales...

El agua ha sido hilo conductor, energía que mueve molinos, esperanza que riega quereres, que trae cantos de sirena, que lava heridas y que hace germinar a la semilla sembrada.

Río Rudrón (Burgos)
Dicen que quien no siembra no cosecha, y mirando al hoy, a las vivencias de cada día, a las alegrías de los reencuentros... tengo que pensar que ha sido agua lo que he sembrado, que ha sido con agua con lo que he regado, que ha sido agua lo que ha hecho fructificar... y que son aguas agradecidas, mansas e impetuosas, de muchos colores y sabores, aguas de las que he visto su alumbramiento, y su discurrir, de las que podido escuchar sus sonrisas y sus alegrías, de las que he sentido el frescor y la fragancia y el ímpetu y la constancia,...

Son muchos, pero que muchos años, en la brega, en el despertar ilusionado, en el soñar de cada día, en el paladear de satisfacciones... y es mucho lo que a la vida debo, lo que a Dios tengo que agradecer, lo que a tantos y tantos amigos me une...


Tratamientos pasivos de aguas. Mina Vueltas del Río (Honduras).
Es felicidad haber llegado a la cima de la vida, y encontrarse con el hatillo lleno de tesoros intangibles; repleto de muestras de afecto; pleno de sentimientos agradecidos; y todo ello cuando aun se tienen metas e ilusiones y, sobre todo, deseos de regalar y obsequiar... nada me voy a llevar conmigo.


Cortando la cinta inaugural del I Congreso Internacional
de Teconología Aplicada a la Minería. Lima (Perú), 2014.
Y todo es gratificante cuando se reciben ánimos de cuantos están cerca en el corazón, y cariños, y afectos, y cálidos abrazos, y efusión de sentimientos... son inyecciones energéticas para seguir adelante, un paso tras otro, con fe y esperanza, haciendo ese camino al andar que nos dijera Antonio Machado...

De hace años, muchos años; de cuando apenas podría ser un mozalbete, descubridor de emociones y sentimientos, recuerdo "gotas de agua" que seguro estaban modelando sentimientos, estaban esculpiendo espíritu, estaban amansando ímpetus, estaban tejiendo sueños.

Réplilca de fuente alhambreña, en mármol de Macael (Almería),
Y entre aquellas gotas de agua que germinaban, sin yo saberlo, estaban las que surgían rectilíneas y cantarinas de las fuentes de los mil y un jardines de la Alhambra de Granada, que entonaban los más embriagadores acordes. Y por eso hice tallar una réplica, de una de ellas, en mármol blanco de Macael (Almería), que en mi jardín, con el sound of water, hace soñar amores eternos...

Las que corrían por arriates y acequias, llevando aquella hoja de árbol, o aquel barco de papel que aprendí en un libro de papiroflexia (u origami), maravilloso regalo de mis padres. En aquel objeto flotante surcaban las aguas mis anhelos, que ahora se enredaban y frenaban entre la maleza, y luego se abrían paso en la rápida corriente...

Las que se despeñaban entre peñascos y travertinos, al pie de macizos calcáreos béticos, naciendo a la luz y al cielo, creando cortinas y celajes, lamiendo y esculpiendo rocas...

Las que suspendidas  en miriadas de estalactitas, de cavernas talladas por ese primoroso cincel que es el agua, refulgentes como estrellas tachonando cielos infinitos, goteaban con paciencia estoica, escribiendo acordes, ejecutando divinos aspergios de graves y agudos entremezclados, y todo ello dirigido por la suprema batuta, interpretando la más divina partitura...

Las que surgían apenas entre helechos y culantrillos en las umbrías, apagando sedes... A las que San Juan de la Cruz cantara: Aquella eterna fuente está escondida, / que bien se yo do tiene su manida / aunque es de noche. / Su origen no lo se, pues no le tiene, / mas sé que todo origen de ella tiene, / aunque es de noche...
Aguas de estiaje despeñándose por el río Lanjarón
(Sierra Nevada, Granada).

Aguas que vi desaparecer en la tierra, en las laderas de Sierra Nevada, para dar de beber y de comer a aquellos labriegos, trabajadores incansables, alejados de tantos tarambainas de ayer, de hoy, y de siempre...

Aguas que quise hacer mías; aguas con las que viajó mi imaginación; aguas que al cabo de los años no me olvidan, acarician mis sienes, riegan mi vida.

Agua que hasta sirvió a Jesús para hablar de la gracia divina, cuando vino aquella mujer de Samaria a sacar agua del pozo, y le dijo: el que beba del agua que yo le daré nunca más volverá a tener sed...



"Anatomía de la Fuente del Avellano. Homenaje a Rafael Fernández Rubio".
Óleo sobre tabla del pintor malagueño José Ganfornina / 1995.
Agua que bebí muchas veces en aquel pequeño caño que caía en pétreo pilón, en la fuente del Avellano, de la que Antonio Molina cantara: Al pie del  Generalife  / en las márgenes del Darro / hay una fuente famosa  / la fuente del Avellano. Allí donde se reunía aquel famoso granadino que fue Angel Ganivet (nacido junto a un molino, y muerto en las gélidas aguas del río Dvina, cerca de Riga); lugar que fuera cenáculo de la famosa Cofradía del Avellano, que agrupó a escritores y artistas...
Cachoeira de Belo Vale (Minas Gerais, Brasil),

Agua a la que hoy, con García Lorca, podría cantar: Agua, ¿donde vas? / Riendo voy por el río / a las orillas del mar para seguir con lo que escribiera Jorge Manrique y hago también mío: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar,  /  qu'es el morir;  / allí van los señoríos / derechos a se acabar  / e consumir;  / allí los ríos caudales,  / allí los otros medianos  /  e más chicos,  /  allegados, son iguales  /  los que viven por sus manos  /e los ricos.

Pero antes de cerrar tantas páginas escritas, sin pluma y sin papel, siento el agradecimiento eterno a quienes un día fueron aprendices de este viejo maestro, y hoy son verdadero orgullo, por las metas que han alcanzado, porque de aquellos consejos hicieron filosofía, de aquellas orientaciones hicieron oficio, de aquellas enseñanzas hicieron escuela... los consideré mis "hijos" y, con el tiempo, "nietos" me han dado... Por eso, en el agradecimiento, sembrador de aguas me siento.

Y a ellos, a todos ellos, hago llegar la que ha sido postal navideña, cargada de ilusiones, que confeccioné para esta Navidad de 2015, que acaba de dejarnos, y que apenas pude enviar por ineludibles tareas, con fecha de entrega antes de final de año...

En ella van virtudes cardinales y teologales, que deseo para todos los que han ayudado en estos derroteros, que han inspirados estos andares, que han aportado lo poco o mucho que pueda tener, en sus alforjas y en su hatillo, este acequiero de aguas de amor y vida... ¡Que Dios les bendiga!

¡AMIGOS PARA SIEMPRE!!!

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