martes, 29 de marzo de 2016

Saberes y Haceres de los Pobladores Rurales Andinos. VII Encuentro Andino


Laguna "sembrada" en Quispillacta, Ayacucho (Perú).
Foto: Musuc Briceño.
Rafael Fernández Rubio
Dr. Ingeniero de Minas.

Jorge Novo Negrillo
Licenciado en Geología

Del 14 al 18 de junio del 2016, en la ciudad de Andahuaylas, Apurimac (Perú), se reunirán, pobladores rurales de los Andes de Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador,  en el VII Encuentro sobre Saberes y Haceres de los Pobladores Rurales Andinos.

Este encuentro, es organizado por REDAR Perú (http://www.redarperu.com/) y por el Ministerio de Agricultura del Perú (http://www.minagri.gob.pe/portal/). Como co-organizadores participan AGRORURAL CONDESAN, contando con el auspicio del Gobierno Regional de Apurímac y de los municipios locales de Andahuaylas y Chincheros. CONDESAN lo apoya a través de su Programa de Montañas, que busca, entre sus objetivos, difundir información y facilitar intercambios de conocimientos entre actores clave del desarrollo sostenible de las montañas.

Nada de esto nos es nuevo para el equipo de "Sembrar agua", dentro de este marco, tuvimos el placer de participar en el Foro Electrónico "Crianza del Agua: Experiencias de la Región Andina", celebrado el pasado año 2015, del 21 de septiembre al 2 de octubre.

Acueducto de Achaco, Nazca (Perú).
Foto: Musuq Briceño.
Desde entonces  hemos estrechando lazos entre una y otra parte del océano, disfrutando de un rico intercambio de saberes y experiencias, facilitado la adhesión de otros grupos españoles, buenos amigos todos ellos, que trabajan también con ilusión en el apasionante "sembrar agua", abriendo puertas, a posibles hermanamientos hispano-peruanos, que es de esperar, rindan frutos provechosos en el estudio y difusión de tecnologías populares, que no nos podemos permitir olvidar, saberes con cientos de años de historia, herencias culturales, que sorprendentemente muestran muchos puntos de coincidencia entre las primeras civilizaciones de una y otra parte del globo.

En este encuentro, se dieron cita estudiosos y conocedores de las técnicas ancestrales de gestión de agua, muchos de ellos pobladores rurales de los Andes.

Fruto indudable de esta actividad fue un interesante intercambio de experiencias y conocimientos, dentro de un intenso y variado aporte, conducido por nuestro amigo el Dr. Kashyapa Yapa, estudioso y conocedor de ese mundo inmenso y desconocido de las maravillas hidráulicas tradicionales andinas, y moderado por nuestra también amiga Musuq Briceño, muy eficiente comunicadora.

Yaku Alcalde, o autoridad anual del agua, en
un manantial de Andamarca, Ayacucho (Perú).
Foto: Musuq Briceño.
Un complemento importante de ese foro fue el viaje de intercambio, convocado bajo el título de "Camino del Aprendizaje", del que tomamos la mayor parte de las imágenes que acompañan a este relato, tomadas y cedidas por Musuq Briceño, del equipo de CONDESAN, que ha tenido la gentileza de ponerlas a nuestra disposición. Personas como ella son esa mágica armonía conciliadora que hace posible los enlaces entre hombres buenos, de todo el mundo, como lo han sido y lo son los acequieros responsables del justo reparto del agua, elegidos por  su bondad y justo criterio.

Quebrada de Pacchipucrio, a más de
4.000 m snm en Huamantanga, Lima (Perú).
 Foto: Musuq Briceño.
En aquel Foro  Electrónico los temas desarrollados abordaron los siguientes aspectos: Definiciones y técnicas, almacenamiento superficial, conservación de fuentes de agua, recarga y captación, distribución y consumo, oportunidades de inversión y aplicación, proyectos sociales y culturales... y todo ello con el complemento de interesantes ejemplos de diferentes países de la región andina.

Y así aprendimos del mamanteo, las sallqas, las amunas, el millpu, las cochas, los atajados, el almacenamiento en bajíos, el trabajo comunitario (mingaaynimita), los "puquiales",...

Y así supimos de las experiencias con las que se trata de luchar contra la escasez de agua unas veces, y contra las intensas lluvias otras, según quieran ser las travesuras de El Niño y La Niña; y supimos de la relevancia, efectividad y replicabilidad de estas técnicas... y vimos muchos paralelismos entre lo que se realiza en Sierra Nevada (España), y lo que se efectúa en la región andina.

El objetivo era valorar y fortalecer los conocimientos  ancestrales, y también adaptar y unificar las prácticas modernas a estos conceptos, todo ello sustentado por el respeto y el equilibrio con la madre Tierra y sus recursos. Objetivos que quedaron cubiertos, y a los que hemos de sumar el estrechamiento de lazos de amistad y cooperación, en estos menesteres.

Ahora, como la ocasión merece, queremos hacernos eco de este nuevo encuentro, en la ciudad de Andahuaylas, en los Andes del Perú, con participación de pobladores rurales andinos, además de estudiosos y expertos internacionales de estas temáticas, entre los cuales, respondiendo a la gentil invitación de la Red de Agricultura Rural de Perú (REDAR PERÚ), participará Jorge Novo, geólogo español, apasionado investigador de las técnicas ancestrales de gestión de agua, que forma parte del equipo de este blog de "sembraragua".

Galerías filtrantes de Cantalloc, Nazca (Perú).
Foto Musuq Briceño.
Este encuentro promete mucho, Andahuaylas, que se localiza en la parte sureste de los Andes Centrales del Perú, es un enclave predominantemente andino, con territorio muy accidentado, montañoso, con altas cumbres y profundos valles.

La ciudad, que toma nombre de la conjunción de dos palabras quechuas: anta que significa cobre o celaje, y huaylla que significa pradera, es conocida como "tierrra de los celajes" (por el color del cielo al atardecer). Se localiza por encima de los 2.900 m snm, y alberga una población que supera a los 60.000 habitantes.

Andahuaylas fue cuna de tres culturas preincas, siendo la más conocida la Chanca, cultura esta de guerreros, a la par que agricultores, que se enfrentó a los incas.

Esta región de Apurímac fue uno de los lugares donde se perfeccionó la agricultura, luego de que sus habitantes impusieran una efectiva forma racional de explotación de la tierra, con técnicas tradicionales de agricultura vertical, abonos naturales, rotación de cultivos y trueque de productos. No obstante su población, mayoritariamente rural, es pobre y se encuentra muy desatendida.
Andahuayllas vista desde San Jerónimo. Foto: Iván Soria Solís.
Catedral de Aldahuaylas. Foto: Ryuben.
Actualmente, existe la posibilidad de transformarse en zona minera (dada la existencia de importantes yacimientos de hierro) , Igualmente los pobladores están dejando de lado sus saberes y haceres ancestrales, para convertirse en mineros informales, dado que la minería rinde más que la agricultura.

Esta es una de las razones principales para haber sido elegida sede del evento, en un intento de sensibilizar a la población local sobre la importancia de sus saberes y de su biodiversidad.

Para nuestros compatriotas es bueno no olvidar que fue fundada en 1533 por Francisco Pizarro, con el nombre de San Pedro de Andahuaylas la Grande de la Corona. Según consta en las crónicas de Pedro Cieza de León, aquí dejó Pizarro una cruz de madera, que se conserva en su Catedral. También es bueno recordar que uno de sus distritos tiene una toponimia tan hispana como: Talavera de la Reyna...,

Curiosidad también para nosotros es la celebración del Yawar Fiesta, recreación andina de la corrida de toros española, aquí con el cóndor aupado sobre el lomo del toro, aunando el mestizaje del mundo andino y el hispano.

Ceremonia del pago a la tierra y permiso a la
madre Agua, en Quipillacta, Ayacucho (Perú).
Foto: Musuq Briceño.
El encuentro será, sin duda, espacio de intercambio de experiencias, y de diálogo con pobladores andinos, permitiendo visibilizar y difundir conocimientos y técnicas, que las comunidades rurales manejan desde tiempos inmemoriales, y que mucho tienen que ver con la adaptación a la variabilidad microclimática, y al desarrollo de sistemas socio-productivos; principalmente en el manejo de los recursos naturales y los sistemas productivos.

Igualmente, se pretende generar y potenciar sinergias, entre personas e instituciones, comprometidas con la investigación y el desarrollo del área andina.

Embalse denominado Laguna de los Abuelos, en
Huamantanga, Lima (Perú). Foto: Musuq Briceño.
Serán seguro días intensos de interacción y aprendizaje, entre los campesinos asistentes y los investigadores, encuadrados en una agenda que acoge espacios para ponencias magistrales, trabajos en grupos, visitas de campo y hasta una Feria de Productos, abierta todos los días del evento.

Por nuestra parte, y atendiendo a la gentil invitación de REDAR PERÚ, transmitida por su presidenta la Dra. Sonia Salas Domínguez, además de tener el placer de participar activamente en los coloquios y actividades, con la presencia de Jorge Novo que se desplaza a Perú para este evento, se contribuirá, desde España, con una vídeo conferencia a cargo de Rafael Fernández Rubio, seguida de coloquio.

Vista panorámica de andenes (terrazas), en
Andamarca (Perú). Foto: Musuq Briceño.
En estos encuentros se comparten conocimientos hidráulicos tradicionales, técnicas de gestión y los diferentes dispositivos de siembra y cosecha de agua de los Andes, muchas veces narrados por los protagonistas de las experiencias que se tratan; la experiencia incluye actuaciones modernas y una amplia visión de obras ancestrales, como centenarios andenes, acequias, las impresionantes galerías filtrantes, los puquios de Nasca y otros muchos equipamientos mantenidos desde tiempos pre-incaicos.

Mayor información se puede encontrar en el website: http://www.redar.org, o en http://www.infoandina.org/es/content/encuentro-reunir%C3%A1-pobladores-andinos-para-compartir-sus-saberes-ancestrales Acceso directo a enlace, pero igualmente se puede obtener a través del correo electrónico: redarperu@lamolina.edu.pe.

sábado, 2 de enero de 2016

Sembrador de aguas... apunte biográfico



Rafael Fernández Rubio, acequiero de aguas de amor y de vida

En las balsas de decantación de las minas de Porto Trombetas
(Amazonas, Estado de Pará, Brasil).
Dejo la pluma correr cuando todavía está ahí, detrás de la puerta, este 2015 que se nos ha ido (y que algunos casi lo han echado a empellones); y cuando apenas se ha quitado el sombrero un flamante 2016, que se me antoja va a ser bueno, porque en su genealogía acredita ser múltiplo, nada más y nada menos, que de: 2, 3, 4, 6, 7, 8, 9, 12, 14, 16, 18, 21, 24, 27, 28, 32, 36, 42, 48, 56, 63, 72, 84, 96, 112, 144, 168, 224, 288, 336, 672.


Navegando en el Lago Argentino (Patagonia Austral).
Y se me hace que esta es noche para reflexionar, para fijar la mirada en esa blanca estela, que se antoja surco indeleble escrito sobre el agua, vida que corre por mis venas, refresco de mis sudores, espejo de mi cara, lágrimas de mis ojos, azul de mis amores...

Pienso en "sembrar agua", y entiendo que es lo que he hecho en una vida que va siendo larga, pero que se ha hecho corta y fugaz; que se antoja intensa y productiva; y que, a lo lejos, desde la perspectiva de su lontananza, se muestra fructífera, intensa, vibrante y agradecida... con la satisfacción de haber vivido para dar y entregar, recibiendo siempre el ciento por uno...
Control termométrico en un aforo, en Punta Tubarão
(Espírito Santo, Brasil)

En este recordar, con sus imágenes nítidas o borrosas, con sus claro-oscuros, sus afanes y desvelos, he sentido la gran satisfacción de alumbrar agua para saciar sed, atender abastecimientos, suministrar el más valioso de los recursos naturales...

El agua ha sido hilo conductor, energía que mueve molinos, esperanza que riega quereres, que trae cantos de sirena, que lava heridas y que hace germinar a la semilla sembrada.

Río Rudrón (Burgos)
Dicen que quien no siembra no cosecha, y mirando al hoy, a las vivencias de cada día, a las alegrías de los reencuentros... tengo que pensar que ha sido agua lo que he sembrado, que ha sido con agua con lo que he regado, que ha sido agua lo que ha hecho fructificar... y que son aguas agradecidas, mansas e impetuosas, de muchos colores y sabores, aguas de las que he visto su alumbramiento, y su discurrir, de las que podido escuchar sus sonrisas y sus alegrías, de las que he sentido el frescor y la fragancia y el ímpetu y la constancia,...

Son muchos, pero que muchos años, en la brega, en el despertar ilusionado, en el soñar de cada día, en el paladear de satisfacciones... y es mucho lo que a la vida debo, lo que a Dios tengo que agradecer, lo que a tantos y tantos amigos me une...


Tratamientos pasivos de aguas. Mina Vueltas del Río (Honduras).
Es felicidad haber llegado a la cima de la vida, y encontrarse con el hatillo lleno de tesoros intangibles; repleto de muestras de afecto; pleno de sentimientos agradecidos; y todo ello cuando aun se tienen metas e ilusiones y, sobre todo, deseos de regalar y obsequiar... nada me voy a llevar conmigo.


Cortando la cinta inaugural del I Congreso Internacional
de Teconología Aplicada a la Minería. Lima (Perú), 2014.
Y todo es gratificante cuando se reciben ánimos de cuantos están cerca en el corazón, y cariños, y afectos, y cálidos abrazos, y efusión de sentimientos... son inyecciones energéticas para seguir adelante, un paso tras otro, con fe y esperanza, haciendo ese camino al andar que nos dijera Antonio Machado...

De hace años, muchos años; de cuando apenas podría ser un mozalbete, descubridor de emociones y sentimientos, recuerdo "gotas de agua" que seguro estaban modelando sentimientos, estaban esculpiendo espíritu, estaban amansando ímpetus, estaban tejiendo sueños.

Réplilca de fuente alhambreña, en mármol de Macael (Almería),
Y entre aquellas gotas de agua que germinaban, sin yo saberlo, estaban las que surgían rectilíneas y cantarinas de las fuentes de los mil y un jardines de la Alhambra de Granada, que entonaban los más embriagadores acordes. Y por eso hice tallar una réplica, de una de ellas, en mármol blanco de Macael (Almería), que en mi jardín, con el sound of water, hace soñar amores eternos...

Las que corrían por arriates y acequias, llevando aquella hoja de árbol, o aquel barco de papel que aprendí en un libro de papiroflexia (u origami), maravilloso regalo de mis padres. En aquel objeto flotante surcaban las aguas mis anhelos, que ahora se enredaban y frenaban entre la maleza, y luego se abrían paso en la rápida corriente...

Las que se despeñaban entre peñascos y travertinos, al pie de macizos calcáreos béticos, naciendo a la luz y al cielo, creando cortinas y celajes, lamiendo y esculpiendo rocas...

Las que suspendidas  en miriadas de estalactitas, de cavernas talladas por ese primoroso cincel que es el agua, refulgentes como estrellas tachonando cielos infinitos, goteaban con paciencia estoica, escribiendo acordes, ejecutando divinos aspergios de graves y agudos entremezclados, y todo ello dirigido por la suprema batuta, interpretando la más divina partitura...

Las que surgían apenas entre helechos y culantrillos en las umbrías, apagando sedes... A las que San Juan de la Cruz cantara: Aquella eterna fuente está escondida, / que bien se yo do tiene su manida / aunque es de noche. / Su origen no lo se, pues no le tiene, / mas sé que todo origen de ella tiene, / aunque es de noche...
Aguas de estiaje despeñándose por el río Lanjarón
(Sierra Nevada, Granada).

Aguas que vi desaparecer en la tierra, en las laderas de Sierra Nevada, para dar de beber y de comer a aquellos labriegos, trabajadores incansables, alejados de tantos tarambainas de ayer, de hoy, y de siempre...

Aguas que quise hacer mías; aguas con las que viajó mi imaginación; aguas que al cabo de los años no me olvidan, acarician mis sienes, riegan mi vida.

Agua que hasta sirvió a Jesús para hablar de la gracia divina, cuando vino aquella mujer de Samaria a sacar agua del pozo, y le dijo: el que beba del agua que yo le daré nunca más volverá a tener sed...



"Anatomía de la Fuente del Avellano. Homenaje a Rafael Fernández Rubio".
Óleo sobre tabla del pintor malagueño José Ganfornina / 1995.
Agua que bebí muchas veces en aquel pequeño caño que caía en pétreo pilón, en la fuente del Avellano, de la que Antonio Molina cantara: Al pie del  Generalife  / en las márgenes del Darro / hay una fuente famosa  / la fuente del Avellano. Allí donde se reunía aquel famoso granadino que fue Angel Ganivet (nacido junto a un molino, y muerto en las gélidas aguas del río Dvina, cerca de Riga); lugar que fuera cenáculo de la famosa Cofradía del Avellano, que agrupó a escritores y artistas...
Cachoeira de Belo Vale (Minas Gerais, Brasil),

Agua a la que hoy, con García Lorca, podría cantar: Agua, ¿donde vas? / Riendo voy por el río / a las orillas del mar para seguir con lo que escribiera Jorge Manrique y hago también mío: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar,  /  qu'es el morir;  / allí van los señoríos / derechos a se acabar  / e consumir;  / allí los ríos caudales,  / allí los otros medianos  /  e más chicos,  /  allegados, son iguales  /  los que viven por sus manos  /e los ricos.

Pero antes de cerrar tantas páginas escritas, sin pluma y sin papel, siento el agradecimiento eterno a quienes un día fueron aprendices de este viejo maestro, y hoy son verdadero orgullo, por las metas que han alcanzado, porque de aquellos consejos hicieron filosofía, de aquellas orientaciones hicieron oficio, de aquellas enseñanzas hicieron escuela... los consideré mis "hijos" y, con el tiempo, "nietos" me han dado... Por eso, en el agradecimiento, sembrador de aguas me siento.

Y a ellos, a todos ellos, hago llegar la que ha sido postal navideña, cargada de ilusiones, que confeccioné para esta Navidad de 2015, que acaba de dejarnos, y que apenas pude enviar por ineludibles tareas, con fecha de entrega antes de final de año...

En ella van virtudes cardinales y teologales, que deseo para todos los que han ayudado en estos derroteros, que han inspirados estos andares, que han aportado lo poco o mucho que pueda tener, en sus alforjas y en su hatillo, este acequiero de aguas de amor y vida... ¡Que Dios les bendiga!

¡AMIGOS PARA SIEMPRE!!!

Fotos del autor

sábado, 5 de diciembre de 2015

Acequia de careo de El Espino (río Bérchules, Granada)

¿Tiene interés hidrológico preservar las acequias de careo de Sierra Nevada?

Sergio Martos Rosillo (1), Antonio González Ramón (1), Francisco Rodríguez Rodríguez (2), Carlos Marín Lechado (1), Carolina Guardiola Albert (1), Juan José Durán Valsero (1), Loreto Fernández Ruíz (1), Eduardo Navarrete Mazariegos (3), Manuel López Rodríguez (4), Manuel Fernández Martínez (3), Miguel Rodríguez Rodríguez (2), José Manuel Bruque Carmona (2), Ana Ruiz Costán (1) y Antonio Pedrera Parias (1).


(1) Instituto Geológico y Minero de España. s.martos@igme.es, antonio.gonzalez@igme.es, c.marin@igme.es, c.guardiola@igme.es, jj.duran@igme.es, ml.fernandez@igme.es, a.ruiz@igme.es, a.pedrera@igme.es.

(2) Departamento de Sistemas Físicos, Químicos y Biológicos. Universidad Pablo de Olavide. Sevilla. frandel90@gmail.com, mrodrod@upo.es, jmbrucar@upo.es.

(3) Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía. enavarrete@agenciamedioambienteyagua.es.

(4) Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Sevilla. manuel.lopez.rodriguez@juntadeandalucia.es.

RESUMEN

Acequia nueva de Bérchules.
Detalle de la disposición de algunas lajas de pizarra
en sectores de mayor velocidad del agua en la acequia,
para reducir la posible erosión lateral.
Los sistemas tradicionales de gestión del agua, que se mantienen desde época andalusí en La Alpujarra (Sierra Nevada, España), incluyen, entre su amplia infraestructura hidráulica ancestral, a las acequias de careo.

Estos canales artesanales, diseñados para aprovechar las propiedades hidrogeológicas de los materiales, y las estructuras geológicas locales, usan el medio permeable como conducto y almacén del agua; y esto se hace recargando en el subsuelo agua que, principalmente, procede del deshielo (usualmente entre marzo y junio). En el caso estudiado directamente por el fondo de la acequia, a su paso por la franja de alteración de las rocas sobre las que transita, y mediante un derrame final sobre un área permeable denominada “sima”, alimentado así al sistema hidrogeológico subterráneo.

Microembalses de recarga en la sima de Bérchules.
Distribuyen el agua de recarga de la acequia de careo,
para su infiltración.
La medida del caudal infiltrado, en la principal acequia de careo del río Bérchules, la acequia de El Espino, durante la campaña de 2014-2015, y su contraste con el caudal de descarga del acuífero superficial, sobre el que discurre, han permitido constatar la especial importancia de estos sistemas de recarga en el comportamiento del río.

Se ha comprobado que el caudal recargado no sólo surge por los manantiales, ubicados en las laderas, sino que buena parte lo hace en el propio río aguas abajo de la acequia.

Así se constata que el uso de las acequias de careo retarda la salida del agua de la cuenca, manteniendo en el estiaje el caudal de numerosos manantiales y el del propio río, realizando además, otras funciones ecológicas positivas. Son así múltiples los beneficios de la recarga subterránea mediante técnicas tradicionales sostenibles de gestión de agua.

El abandono del uso de estas acequias parece estar detrás de la disminución de caudal, que se viene observando en la cabecera de los principales ríos, que nacen en la vertiente sur de Sierra Nevada, por lo que los resultados que se presentan son de especial interés para su consideración en la gestión de los recursos hídricos del Espacio Natural de Sierra Nevada.

La metodología utilizada puede ser aplicada en otras cuencas de alta montaña, desarrolladas en rocas duras, donde se realizan técnicas de recarga artificial muy similares a las aquí empleadas.


1. INTRODUCCIÓN

Cabecera hidrográfica de La Alpujarra,
al final de la época de deshielo (abril y mayo).

Se observan sedimentos de alteración periglaciar, 

algunos neveros y una cota a partir de la cual la 
vegetación es mucho más abundante, gracias a la
descarga subterránea del agua recargada.
En la mayor parte de las zonas altas del Parque Nacional de Sierra Nevada afloran rocas metamórficas, sobre las que se suele desarrollar una capa de alteración, permeable, a la que en ocasiones se superponen sedimentos cuaternarios que corresponden a derrubios de ladera, coluviones, sedimentos de origen glaciar y periglaciar...

Este conjunto de materiales conforma un delgado acuífero superficial, que constituye el almacén del agua subterránea, que reúne las condiciones necesarias para la presencia de vegetación y de micro y macro fauna, es decir para la existencia y permanencia de los ecosistemas, además de contribuir al incremento de la diversidad ecológica.

Llama la atención el hecho de que las citadas propiedades, de capacidad de transporte y almacenamiento del agua subterránea, en estos acuíferos, desapercibidas por los gestores del agua hasta fechas recientes, han sido utilizadas desde antiguo por los agricultores y ganaderos de Sierra Nevada, mediante la técnica conocida como "careo". El careo consiste en recargar en los acuíferos el agua superficial, captada en la cabecera de los ríos (Pulido-Bosch y Sbih, 1995).

Pastos y acequias de careo.
Aguas arriba de la acequia de El Espino, en la
parte superior izquierda de la imagen.
En efecto, el agua derivada por los intrincados sistemas de acequias de careo de Sierra Nevada, se infiltra, una parte, durante su transporte por la propia acequia, y otra, se vierte, intencionadamente, hacia zonas de mayor permeabilidad, todo ello antes de la temporada de riego.

Se consiguen de esta forma varios objetivos:
  • alimentar a la vegetación instaurada en las laderas, para favorecer el crecimiento de los pastos,
  • retardar el tránsito del agua a su paso por el medio subterráneo, para mantener durante el estiaje el caudal de los manantiales situados en cotas más bajas,
  • aprovechar la capacidad de transporte de los acuíferos, para alcanzar zonas de riego,
  • incrementar la baja concentración en sales del agua subterránea para mejorar su calidad como agua de abastecimiento a la población (Pulido-Bosch y Sbih, 1995).
Es, por tanto, esta técnica un ejemplo claro de buen entendimiento entre el hombre y su entorno, dado que su mantenimiento es esencial para la conservación del suelo y de distintas especies de flora y fauna (Plaza-García y García-Rubia, 2010).

Panorámica de la margen derecha del río Bérchules en otoño.
El sabio manejo de las acequias de careo y el regadío permiten
el desarrollo de un verdadero vergel en el que la agricultura
tradicional se entremezcla con la vegetación de ribera,
los castañares y los robledales, y permite que el agua
infiltrada mantenga, durante todo el año, el caudal
de los manantiales que abastecen a la población.
La recarga del agua en las laderas, mediante: las acequias de careo; las “pérdidas” de las propias acequias de riego; los cultivos en terrazas (que favorecen la infiltración, y disminuyen la escorrentía superficial y las pérdidas de suelo); el riego "a manta"; las trasferencias de agua entre cuencas hidrológicas, para que los vecinos puedan carear los excedentes de la época de deshielo; los moldeables sistemas de reparto del agua, adaptados a la variabilidad meteorológica de la región; y otra serie de aspectos positivos... son toda una lección magistral de gestión hídrica, desapercibida e infravalorada hasta tiempos recientes, pero que, como indican Vivas et al. (2009) poco se separa del paradigma de lo que recientemente se ha dado en llamar “Integrated Aquifer Management”.

Desde el punto de vista hidrogeológico la técnica de careo no está ampliamente documentada. No obstante, destacan las principales contribuciones hechas por Antonio Pulido-Bosch y sus colaboradores, que en buena medida se sintetizan en Pulido-Bosch y Sbih (1995). Estos autores identifican las principales acequias de careo de La Alpujarra y proponen un modelo conceptual de funcionamiento hidrogeológico de las zonas de careo, fundamentado, entre otros, con datos hidrogeoquímicos y ensayos de trazadores.

Por otro lado, se pueden destacar los trabajos realizados por Fernández-Escalante et al. (2005, 2006), donde se describe la situación de 26 acequias de careo de La Alpujarra, y se establecen distintas tipologías en función del material por el que discurren.

Río Chico de Bérchules,
aguas arriba de la acequia de careo de El Espino.
Recomendable es, también, la lectura de muchos relatos de este blog, (http://sembraragua. blogspot.com.es), donde el profesor Rafael Fernández Rubio y su colaborador Jorge Novo, difunden técnicas ancestrales de gestión del agua, con cabida amplia de los careos.
Por último, hay que destacar como imprescindible la lectura del “Manual del Acequiero” (Espín et al. 2010).

Deshielo en la zona de cabecera del río Bérchules,
aguas arriba de las acequias de careo.
De toda esta documentación resulta evidente que el uso de la técnica de careo incrementa la recarga total de los acuíferos en los que se realiza, ahora bien, ¿cuál es el porcentaje de agua recargada con los careos respecto a la recarga natural?, ¿cómo funcionan las acequias de careo?, ¿la recarga se concentra en zonas puntuales o se produce a lo largo del recorrido de la acequia?, ¿el agua recargada es consumida en su totalidad en la ladera donde se infiltra o descarga finalmente en los ríos contribuyendo a mantener su caudal a lo largo del año?...

Para empezar a dilucidar estas interesantes cuestiones se ha hecho un primer acercamiento, en la cuenca hidrológica del río Bérchules, situado en la margen meridional de Sierra Nevada, en la provincia de Granada.

En esta cuenca existe una importante acequia de careo, conocida como la acequia de El
Muestreo de agua de deshielo en la cabecera del río Bérchules.
Espino. La monitorización y seguimiento en continuo del caudal infiltrado por la acequia, y la evaluación de la recarga media del acuífero, mediante su modelización con el código Visual Balan 2.0 (IGME, 2015), ha permitido comprobar que un porcentaje elevado de la recarga total del acuífero, que alimenta al río Bérchules, se debe a las actuaciones de careo.

Además, los aforos diferenciales realizados han permitido identificar las principales zonas de infiltración de la acequia de El Espino. Y los resultados obtenidos indican que la contribución del careo es esencial en el mantenimiento del caudal del río Bérchules, durante el estiaje .

Se considera así que los resultados de este trabajo son de especial interés para la gestión del agua en el Espacio Natural de Sierra Nevada.

Por otra parte, y desde el punto de vista metodológico, se considera que los métodos aplicados permiten su utilización en otras cuencas de alta montaña, donde también son usadas técnicas de recarga similares al careo, como es el caso de las amunas en Los Andes (Apaza et al., 2006).

2. ÁREA DE ESTUDIO

La acequia de El Espino se sitúa en la cabecera de la cuenca del río Bérchules (67,6 Km2), afluente del río Guadalfeo, en la vertiente meridional de Sierra Nevada, en el Sur de España. La zona investigada se incluye en su totalidad en el municipio granadino de Bérchules (Figura 1).

Figura 1. Mapa hidrogeológico y situación del acuífero superficial de Bérchules (IGME, 2015).
Esta cuenca de alta montaña, con altitud media de 2.077 m snm, y pendiente media del 37%, presenta su cúspide en el Cerro del Gallo, con 2.910 m snm, al norte, y una mínima altitud, con 979 m snm, al sur, en la estación de aforo de Narila.

Punto de toma de la acequia de El Espino en invierno.
El agua es derivada del río Chico de Bérchules hacia
la acequia de careo de El Espino.
La precipitación media anual y su desviación estándar asociada es de 810±350 mm/año, mientras que la temperatura media anual es de 8,9º C (periodo 1970-2013) (Cabrera, 2014).

El río Bérchules presenta un régimen de funcionamiento pluvio-nival, con máximos de caudal en enero y mayo, y mínimos en julio y septiembre. El caudal medio del periodo 1970-2013 es de 12,2 hm3/año.

La elaboración de diferentes modelos hidrológicos, con distintos códigos, ha permitido comprobar una importante componente subterránea de la escorrentía (Al Awani, 1997; Cabrera y Martos-Rosillo, 2014; Jodar et al., 2015), comprendida entre el 76 y el 95% y unas entradas por precipitación en forma de nieve con porcentajes comprendidos entre el 23 y el 36 %.

Figura 2. Cuenca del río Bérchules.
Red de drenaje y de acequias con localización
de manantiales e identificación de su densidad.
Hacer clic sobre la imagen para ampliar.
En relación con lo anterior se debe destacar que, en la cuenca del río Bérchules, existe una intrincada red de acequias utilizadas para riego, careo y trasvase de agua entre cuencas.

Existen 19 acequias con una longitud total de 57,45 km (Figura 2). Del total, 21 km son acequias de careo. Las principales son la acequia de El Espino (7 km), que carea aguas del propio río Chico de Bérchules, al igual que la acequia Real (6,6 km), si bien esta última se utiliza para riego una vez finalizada la época de deshielo y, por último, la acequia de Trevélez (11 km, hasta su entrada en la cuenca del Bérchules). Esta acequia trasvasa aguas de la margen izquierda del río Trevélez hacia la cuenca del río Bérchules, donde son careadas. Por su parte, la acequia de Mecina capta agua del río Grande de Bérchules y la deriva hacia la cuenca del río Mecina.

La práctica totalidad de la cuenca investigada se desarrolla sobre rocas metamórficas del Complejo Nevado-Filábride, en la Zona Interna de la Cordillera Bética (Díaz de Federico et al., 1981).

Acequia de careo de El Espino.
Sección típica sin revestir, con 1,5 m de ancho.
Fundamentalmente afloran esquistos grafitosos feldespáticos de grano fino, con intercalaciones de cuarcitas. La principal estructura de deformación, que se reconoce en la zona, consiste en una foliación muy penetrativa, con buzamiento general hacia el N – NE.

Acequia de El Espino.
Discurre en la franja de alteración, que da lugar al
acuífero superficial desarrollado sobre rocas metamórficas.
 La infiltración contribuye a la existencia de numerosos
manantiales, aguas abajo, utilizados para regar pequeñas
 parcelas, y antaño para abastecer a los agricultores
que vivían todo el año en la sierra.
En el mapa hidrogeológico (Figura 1) del Acuífero Superficial de Bérchules (en adelante ASB), definido en IGME (2015), el acuífero lo forma la franja de alteración de los esquistos, y distintas formaciones detríticas que se le superponen. Sus límites coinciden, prácticamente, con los de la divisoria de aguas superficial de la cuenca del río Bérchules, y sus afloramientos permeables cubren una superficie de 59,2 Km2.

Zona de careo de la sima de Bérchules.
Ha dado lugar a una importante zona de pastos.
La recarga media subterránea del acuífero es de 6,3 hm3/año, si bien en las laderas del río otros 6,4 hm3/año se descargan hipodérmicamente, a través de numerosos manantiales colgados. Es así que la lluvia útil, que descarga sobre el ASB, y que no es drenada hipodérmicamente, se recarga en el acuífero para descargarse en manantiales y en el río Bérchules.

Complementariamente existen 20 sondeos de captación de agua subterránea, con caudales de explotación inferiores a 2-3 l/s, que son utilizados como apoyo a los regadíos.

3. LA ACEQUIA DE CAREO DE EL ESPINO

Acequia de El Espino. Punto de toma de agua.
El agua es derivada del río Chico de Bérchules
hacia la acequia de careo.
Esta acequia consiste en un canal excavado en rocas metamórficas, que parte de una derivación existente en el río Chico de Bérchules (Figura 1). Una sencilla construcción denominada “toma”, de piedras y lajas de esquitos, dispuestas en el cauce del río, sin argamasa, deriva el agua del río hacia la acequia.

La construcción y el manejo de la misma la realizan los dos acequieros de la Comunidad de Regantes de Bérchules, encargados de gestionar la distribución del agua para el riego y para el careo, siguiendo los procedimientos empleados por sus antepasados y transmitidos de generación en generación.

Acequiero de la Comunidad de Regantes de Bérchules.
Abriendo la derivación construida en el río, con lajas de 
pizarra, para que el agua acceda a la acequia de careo.

La acequia tiene una longitud de 7.070 m, y anchura media de canal de 1,5 m. Comienza, en su toma (video 1), a 1.998 m snm, y termina en la Sima de Bérchules, a 1.820 m snm. La altitud media de la acequia es de 1.905 m y su pendiente media de 6,8 %.

Durante su recorrido, y antes de llegar al punto de vertido total (sima de Bérchules o de Márcula), no existe ninguna derivación para riego. Las dos únicas derivaciones adicionales existentes permiten dirigir el agua hacia las zonas de careo de la Sima de Los Helechales y de la sima del Barranco de Montina.

Video 1. Bocatoma acequia de El Espino. 
(hacer clic para visionar en You Tube).
Se observa como durante la época de deshielo (abril-mayo), la práctica totalidad de esa agua que circula por el río Chico de Bérchules se deriva hacia la acequia de El Espino. En este video el caudal derivado era de 360 l/s.

La sima de Bérchules (video 2) constituye el principal área de recarga de la acequia de El Espino.

                           Video 2. Sima de Bérchules, descarga de la acequia de El Espino.
El agua que alcanza el final de la acequia de El Espino (210 l/s de los 360 l/s que se tomaron del río)  se desvía para su infiltración total en la “sima de Bérchules”. Los 150 l/s restantes se han infiltrado en el recorrido hacia la citada sima. 

Consiste en una superficie cubierta de pasto, de escasa pendiente, que cubre un área de 32.328 m2, y que se caracteriza por presentar un sustrato con alta capacidad de infiltración.

                                                                            Sima de Bérchules.
                                 Punto final de la acequia de El Espino, donde se carea el agua
                                     que surgirá aguas arriba del núcleo urbano de Bérchules.


De similares características, pero con menor superficie, son las simas de Los Helechales (4.910 m2) y la del barranco de Montina (2.117 m2), a altitudes medias de 1.888 m y 1.866 m snm, respectivamente.

Respecto al funcionamiento de la acequia se indica que, en los años secos, empieza a derivar agua en noviembre-diciembre y no suele llegar hasta marzo-abril a la sima de El Espino. Durante todo ese periodo, se produce una importante infiltración por el lecho de la acequia, antes de que el agua alcance la sima. En los años con lluvias medias y/o abundantes (años húmedos), se deriva agua del río más tarde.

Durante la época de deshielo el agua se vierte en la sima de Bérchules, hasta que se supera la capacidad de infiltración, empieza a escurrir por la superficie. En ese momento, se abren las derivaciones hacia las simas de Los Helechales y del barranco de Montina, y se cierran las de la sima de Bérchules.

Al final de la época de careo, se reduce el caudal derivado del río y el agua no llega a la sima de Bérchules, por lo que se abre primero, la derivación de Los Helechales, y después, la del barranco de Montina.

4. MATERIAL Y MÉTODOS

Tramo inicial de la acequia de careo de El Espino.
Se observa una escala y un tubo de PVC que aloja al sensor
 automático para registro horario de la altura de la lámina
de agua. Dato que es transformado a caudal (l/s).
El volumen infiltrado en el ASB, mediante la acequia de carero de El Espino, durante la campaña 2014-2015, se ha determinado mediante el control en continuo del caudal que circuló en dos secciones de la acequia: una situada a 110 m de su inicio (sección 1. Figura 2), y otra situada inmediatamente aguas arriba de la sima de Bérchules (sección 13).

En estas secciones de control la Agencia de Medio Ambiente y Agua instaló sendos limnígrafos automáticos de capacitancia, de la marca ODDYSSEY, programados para hacer medidas de la altura de la lámina de agua con cadencia horaria.

Dataloger y cable del sensor de control de altura
de la lámina de agua.
Para la elaboración de la correspondiente curva de gasto, de cada sección, se han realizado aforos, con cadencia aproximadamente quincenal, mediante micromolinete (modelo C2 10.150, de OTT).

Por su parte, en abril de 2015, se realizó una campaña de aforos diferenciales, a lo largo de todo el recorrido de la acequia de El Espino, con objeto de identificar los tramos en los que concentraba la infiltración. El cálculo de caudales de aforo se ha realizado mediante el producto de área x velocidad.

Aforo en sección de acequia con micromolinete.
Está instalado un sensor de control continuo de la
altura de la lámina de agua.
Las hélices y el cuerpo del micromolinete han sido calibradas regularmente siguiendo la norma ISO 3455. El volumen de agua infiltrada ha sido comparado con los recursos medios renovables del ASB, dado que estos han sido calculados recientemente mediante la modelización de la recarga con el código Visual Balan (IGME, 2015).

Asimismo, se ha comparado el volumen de agua recargado con el caudal de drenaje de los manantiales, situados aguas abajo de la acequia.

5. RESULTADOS

5.1. Evaluación de los recursos infiltrados en la acequia de El Espino (campaña 2014-2015).

En la Figura 3 se han representado los datos de caudal registrados en las dos secciones de control.
Figura 4. Hidrogramas del caudal medido.
Línea negra: toma de la acequia de El Espino.
Línea roja: descarga en la Sima de Bérchules.
En la Tabla 1 se reflejan las aportaciones medidas en la toma y en la sima de Bérchules.
Tabla 1. Aportaciones en las secciones de control instaladas en la acequia de El Espino.
Toda el agua derivada hacia la acequia se ha infiltrado, bien a lo largo de su recorrido por la acequia, bien en la sima de Bérchules. Por tanto, la integral del hidrograma de la toma de la acequia indica el volumen infiltrado en la campaña de 2014-2015.

Boquera o compuerta para derivar el agua de la
acequia de El Espino, hacia la sima de Bérchules.
Se observa uno de los sensores de control de altura de
la lámina de agua, para conocer el caudal recargado en la sima.
El volumen total infiltrado (Tabla 1) ha sido de 1,57 hm3, de los que 0,273 hm3 se infiltraron en la sima de Bérchules (entre el 1 de abril y el 15 de mayo de 2015). Es decir, durante esta campaña la mayor cantidad de agua infiltrada se ha producido por el lecho de la acequia (1,30 hm3). El control del caudal que circula por la acequia ha permitido comprobar que es necesario infiltrar un volumen importante de agua (0,34 hm3 en esta campaña), para que el agua alcance a la sima de Bérchules.

Entre el 15 de mayo y el 15 de junio, el agua no alcanzaba la sima de Bérchules, pero se infiltraron 0,19 hm3 aguas arriba de esta. Por otro lado, se ha comprobado que el caudal derivado del río debe ser superior a los 150 l/s para que el agua
llegue a la citada sima.

Otro aspecto que destaca, en la Figura 4, consiste en la evolución paralela de los caudales en el tiempo, en las dos secciones de control, con diferencias de caudal del orden de 120 a 300 l/s. Este registro pone de manifiesto la importante capacidad de infiltración de la acequia a lo largo de su recorrido.

5.2. Evaluación de la infiltración a lo largo de la acequia

El 28 de abril de 2015 se realizó una campaña de reconocimiento y aforos diferenciales, a lo largo de todo el recorrido de la acequia de El Espino (Figura 3). Se realizaron 13 aforos, con caudales  comprendidos entre 234 y 61 l/s. En el recorrido hasta la sima de Bérchules se infiltraban 173 l/s y en la sima de Bérchules 61 l/s, por tanto, todo el caudal se infiltraba en la zona de alteración de los esquistos nevado-filábrides.

                                   Figura 3. Simas y puntos de aforo en la acequia de El Espino.
En los puntos de aforo 1 y 13 existen sensores de nivel, para la lectura en continuo de la altura del agua.
Entre la sección de aforo 1, próxima a la toma, con un caudal de 234 l/s, y la sección de aforo 3 (209 l/s), se infiltraban 24,3 l/s (Figura 4). Estas pérdidas en la acequia se producen fundamentalmente a su paso por una zona de afloramientos de micaesquistos sin alterar.

Entre la sección de aforo 3 y la 6 se infiltraba un caudal de 33,2 l/s. Aquí se sitúan unos 15 manantiales entre la acequia de El Espino y la acequia Real, cuyo funcionamiento está íntimamente ligado a la acequia de careo.

En el tramo comprendido entre la sección 6 y la sección 12, que trascurre sobre la zona de alteración de los esquistos, se infiltraban unos 50 l/s.

Por último, el tramo con mayor infiltración es el comprendido entre la sección de aforo 12 y la 13 (66,6 l/s), en los 540 m anteriores a la llegada de la acequia a la sima de Bérchules. Aguas abajo de este sector se sitúan dos barrancos, donde existen numerosos manantiales que aportan agua a la vegetación de ribera de estos afluentes del río Chico.

Figura 5. Caudal de la acequia de El Espino versus distancia
a la toma (28 de abril de 2015).
6. DISCUSIÓN

A partir del inventario de puntos de agua, realizado recientemente (IGME, 2015), se ha podido comprobar que entre la acequia del Espino y la acequia Real existen unos 90 manantiales. El caudal drenado por estos, es inferior a 18 l/s, notablemente inferior al recargado por la acequia (51 l/s). De aquí se deduce que buena parte de la infiltración, que se genera con el careo, contribuye a recargar al acuífero.

Una vez en la zona saturada, el tránsito del agua recargada en el ASB ralentiza su salida de la cuenca, constituyendo la descarga del acuífero hacia el río el soporte para abastecer la actividad agrícola en verano, y para mantener a los ecosistemas asociados a estos recursos. En este sentido, tanto en el río Chico de Bérchules, como en sus tributarios por su margen derecha, la vegetación de ribera permanente, indica su carácter ganador.

Antiguas parcelas de los habitantes de la sierra.
Se observa una pequeña balsa de regulación, impermeabilizada
 con launa (micaesquistos y filitas alterados), utilizada para
regadio de un huerto. Los pequeños manantiales asociados a los
careos permitían el abastecimiento de agua de boca. Al fondo se
 observa una antigua era, donde se trillaba el cereal.
Es así que esta ancestral forma de manejar el agua, de los alpujarreños, contribuye a generar mayor diversidad ecológica y a elevar el valor ambiental de Sierra Nevada.

Por otro lado, no debe pasar desapercibido que el agua recargada mediante este careo contribuye a mantener el caudal de las surgencias que abastecen a Bérchules.

En términos cuantitativos, el agua infiltrada por la acequia de careo del Espino durante la campaña 2014-15 (1,57 hm3/año) supone un 25% de la recarga del acuífero en un año medio (6,3 hm3/año) y la práctica totalidad de la recarga que se produciría en un año seco. En este sentido, se indica que el percentil 25, de la serie de recarga anual del periodo 1970-2010 (IGME, 2015), es de 1,13 hm3/año.

Estas cifras ponen de manifiesto la notable influencia del careo en el funcionamiento del acuífero y del río, más aún si se tiene en cuenta que, en esta cuenca, no se ha controlado el resto de acequias de careo, que suman un total de 14,4 km de longitud. El importante incremento de la recarga, que supone la actividad de careo, explica los elevados porcentajes de agua subterránea que se deducen de la modelización de los hidrogramas, en los ríos de la vertiente sur de Sierra Nevada (Al-Awani, 1991) y la del propio río Bérchules (Al-Awani, 1991; Cabrera y Martos-Rosillo, 2015; Jodar et al., 2015).

Por tanto, no es de extrañar que el constatado abandono de numerosos careos, durante las últimas décadas esté detrás de la disminución de caudal que se viene observando en la cabecera de los principales ríos que nacen en la margen sur de Sierra Nevada y, probablemente, en el aumento medio de la temperatura del agua de estos ríos durante el verano, con las notables repercusiones que implica en la fauna piscícola.

7. CONCLUSIONES

En Sierra Nevada existe una impresionante red de acequias de careo, que suponen un patrimonio agronómico, histórico, etnológico y medioambiental de indudable valor. A estos valores se debe añadir el hidrogeológico.

Panorámica de la margen derecha del río Bérchules (en otoño).
El sabio manejo de las acequias de careo y de regadío
permite el desarrollo de un verdadero vergel, en el que
la agricultura tradicional se entremezcla con la vegetación
de ribera, los castañares y robledales.
Este tipo de acequias constituye un ingenioso ejemplo de infraestructura hidráulica ancestral, con la que se consigue infiltrar los excedentes del deshielo de la propia cuenca o de las contiguas, de forma distribuida en el espacio, en las zonas hidrogeológicamente más favorables. Se consigue, de este modo, utilizar el medio subterráneo para regular los recursos hídricos en zona de alta montaña, donde la construcción de presas resultaría especialmente ineficiente por la elevada pendiente del terreno.

Por otro lado, su eficiencia resulta sorprendente en términos cuantitativos. Durante el año hidrológico 2014-2015, que ha sido un año seco, la acequia de careo del Espino ha infiltrado el 25 % de la recarga media del acuífero, y la práctica totalidad de la recarga que se produciría en un año seco.

Sima de Bérchules (imagen satelital).
Se ha representado  la dirección de los fujos subterráneos del agua recargada (flechas amarillas) y los manantiales aguas abajo (puntos azules) que abastecen (desde época andalusí) al núcleo urbano de Bérchules. Los arroyos aguas abajo de la acequia presentan vegetación de ribera, permanente, relaccionada con la descarga del agua infiltrada.
El agua infiltrada se distribuye a lo largo de su recorrido, haciendo surgir numerosos manantiales en la ladera, que son utilizados para regadío, alimentando pastos, y para abastecimiento.

Entrada de agua en la sima de Bérchules.
Buena parte del agua infiltrada no emerge por esos manantiales y lo hace por el cauce del río, contribuyendo a mantener su caudal en estiaje y generando un flujo superficial que es captado, en la época de máxima demanda, por las acequias de riego a cota más baja. Se trata, por tanto, de un ejemplo a seguir, que permitiría combatir los efectos predecibles del cambio climático.

La metodología aplicada podría utilizarse en otros sistema de recarga similares a los careos, como es el caso de las amunas de Los Andes.

AGRADECIMIENTOS

Aforo químico.
Aguas arriba de la derivación de la acequia de El Espino.
Este trabajo forma parte de la actividad desarrollada por el Servicio de Investigación que el IGME está realizando a la Agencia de Medio Ambiente y Agua,de la Junta de Andlucía,  y constituye una contribución al nuevo de ciclo de Planificación Hidrológica 2016-2021 de Andalucía.

Agradecemos la especial ayuda prestada por la Comunidad de Regantes de Bérchules, en concreto por su presidente José Luís Ortega Rodríguez. Asimismo, se quiere agradecer la colaboración del Parque Nacional de Sierra Nevada, y en particular a Beatriz Villagómez y Manuel Peregrina por su inestimable ayuda en las labores de campo.

REFERENCIAS

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Autores de las fotos: Antonio González Ramón y Sergio Martos Rosillo.