sábado, 5 de diciembre de 2015

Acequia de careo de El Espino (río Bérchules, Granada)

¿Tiene interés hidrológico preservar las acequias de careo de Sierra Nevada?

Sergio Martos Rosillo (1), Antonio González Ramón (1), Francisco Rodríguez Rodríguez (2), Carlos Marín Lechado (1), Carolina Guardiola Albert (1), Juan José Durán Valsero (1), Loreto Fernández Ruíz (1), Eduardo Navarrete Mazariegos (3), Manuel López Rodríguez (4), Manuel Fernández Martínez (3), Miguel Rodríguez Rodríguez (2), José Manuel Bruque Carmona (2), Ana Ruiz Costán (1) y Antonio Pedrera Parias (1).


(1) Instituto Geológico y Minero de España. s.marto@igme.es, antonio.gonzalez@igme.es, c.marin@igme.es, c.guardiola@igme.es, jj.duran@igme.es, ml.fernandez@igme.es, a.ruiz@igme.es, a.pedrera@igme.es.

(2) Departamento de Sistemas Físicos, Químicos y Biológicos. Universidad Pablo de Olavide. Sevilla. frandel90@gmail.com, mrodrod@upo.es, jmbrucar@upo.es.

(3) Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía. enavarrete@agenciamedioambienteyagua.es.

(4) Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Sevilla. manuel.lopez.rodriguez@juntadeandalucia.es.

RESUMEN

Acequia nueva de Bérchules.
Detalle de la disposición de algunas lajas de pizarra
en sectores de mayor velocidad del agua en la acequia,
para reducir la posible erosión lateral.
Los sistemas tradicionales de gestión del agua, que se mantienen desde época andalusí en La Alpujarra (Sierra Nevada, España), incluyen, entre su amplia infraestructura hidráulica ancestral, a las acequias de careo.

Estos canales artesanales, diseñados para aprovechar las propiedades hidrogeológicas de los materiales, y las estructuras geológicas locales, usan el medio permeable como conducto y almacén del agua; y esto se hace recargando en el subsuelo agua que, principalmente, procede del deshielo (usualmente entre marzo y junio). En el caso estudiado directamente por el fondo de la acequia, a su paso por la franja de alteración de las rocas sobre las que transita, y mediante un derrame final sobre un área permeable denominada “sima”, alimentado así al sistema hidrogeológico subterráneo.

Microembalses de recarga en la sima de Bérchules.
Distribuyen el agua de recarga de la acequia de careo,
para su infiltración.
La medida del caudal infiltrado, en la principal acequia de careo del río Bérchules, la acequia de El Espino, durante la campaña de 2014-2015, y su contraste con el caudal de descarga del acuífero superficial, sobre el que discurre, han permitido constatar la especial importancia de estos sistemas de recarga en el comportamiento del río.

Se ha comprobado que el caudal recargado no sólo surge por los manantiales, ubicados en las laderas, sino que buena parte lo hace en el propio río aguas abajo de la acequia.

Así se constata que el uso de las acequias de careo retarda la salida del agua de la cuenca, manteniendo en el estiaje el caudal de numerosos manantiales y el del propio río, realizando además, otras funciones ecológicas positivas. Son así múltiples los beneficios de la recarga subterránea mediante técnicas tradicionales sostenibles de gestión de agua.

El abandono del uso de estas acequias parece estar detrás de la disminución de caudal, que se viene observando en la cabecera de los principales ríos, que nacen en la vertiente sur de Sierra Nevada, por lo que los resultados que se presentan son de especial interés para su consideración en la gestión de los recursos hídricos del Espacio Natural de Sierra Nevada.

La metodología utilizada puede ser aplicada en otras cuencas de alta montaña, desarrolladas en rocas duras, donde se realizan técnicas de recarga artificial muy similares a las aquí empleadas.


1. INTRODUCCIÓN

Cabecera hidrográfica de La Alpujarra,
al final de la época de deshielo (abril y mayo).

Se observan sedimentos de alteración periglaciar, 

algunos neveros y una cota a partir de la cual la 
vegetación es mucho más abundante, gracias a la
descarga subterránea del agua recargada.
En la mayor parte de las zonas altas del Parque Nacional de Sierra Nevada afloran rocas metamórficas, sobre las que se suele desarrollar una capa de alteración, permeable, a la que en ocasiones se superponen sedimentos cuaternarios que corresponden a derrubios de ladera, coluviones, sedimentos de origen glaciar y periglaciar...

Este conjunto de materiales conforma un delgado acuífero superficial, que constituye el almacén del agua subterránea, que reúne las condiciones necesarias para la presencia de vegetación y de micro y macro fauna, es decir para la existencia y permanencia de los ecosistemas, además de contribuir al incremento de la diversidad ecológica.

Llama la atención el hecho de que las citadas propiedades, de capacidad de transporte y almacenamiento del agua subterránea, en estos acuíferos, desapercibidas por los gestores del agua hasta fechas recientes, han sido utilizadas desde antiguo por los agricultores y ganaderos de Sierra Nevada, mediante la técnica conocida como "careo". El careo consiste en recargar en los acuíferos el agua superficial, captada en la cabecera de los ríos (Pulido-Bosch y Sbih, 1995).

Pastos y acequias de careo.
Aguas arriba de la acequia de El Espino, en la
parte superior izquierda de la imagen.
En efecto, el agua derivada por los intrincados sistemas de acequias de careo de Sierra Nevada, se infiltra, una parte, durante su transporte por la propia acequia, y otra, se vierte, intencionadamente, hacia zonas de mayor permeabilidad, todo ello antes de la temporada de riego.

Se consiguen de esta forma varios objetivos:
  • alimentar a la vegetación instaurada en las laderas, para favorecer el crecimiento de los pastos,
  • retardar el tránsito del agua a su paso por el medio subterráneo, para mantener durante el estiaje el caudal de los manantiales situados en cotas más bajas,
  • aprovechar la capacidad de transporte de los acuíferos, para alcanzar zonas de riego,
  • incrementar la baja concentración en sales del agua subterránea para mejorar su calidad como agua de abastecimiento a la población (Pulido-Bosch y Sbih, 1995).
Es, por tanto, esta técnica un ejemplo claro de buen entendimiento entre el hombre y su entorno, dado que su mantenimiento es esencial para la conservación del suelo y de distintas especies de flora y fauna (Plaza-García y García-Rubia, 2010).

Panorámica de la margen derecha del río Bérchules en otoño.
El sabio manejo de las acequias de careo y el regadío permiten
el desarrollo de un verdadero vergel en el que la agricultura
tradicional se entremezcla con la vegetación de ribera,
los castañares y los robledales, y permite que el agua
infiltrada mantenga, durante todo el año, el caudal
de los manantiales que abastecen a la población.
La recarga del agua en las laderas, mediante: las acequias de careo; las “pérdidas” de las propias acequias de riego; los cultivos en terrazas (que favorecen la infiltración, y disminuyen la escorrentía superficial y las pérdidas de suelo); el riego "a manta"; las trasferencias de agua entre cuencas hidrológicas, para que los vecinos puedan carear los excedentes de la época de deshielo; los moldeables sistemas de reparto del agua, adaptados a la variabilidad meteorológica de la región; y otra serie de aspectos positivos... son toda una lección magistral de gestión hídrica, desapercibida e infravalorada hasta tiempos recientes, pero que, como indican Vivas et al. (2009) poco se separa del paradigma de lo que recientemente se ha dado en llamar “Integrated Aquifer Management”.

Desde el punto de vista hidrogeológico la técnica de careo no está ampliamente documentada. No obstante, destacan las principales contribuciones hechas por Antonio Pulido-Bosch y sus colaboradores, que en buena medida se sintetizan en Pulido-Bosch y Sbih (1995). Estos autores identifican las principales acequias de careo de La Alpujarra y proponen un modelo conceptual de funcionamiento hidrogeológico de las zonas de careo, fundamentado, entre otros, con datos hidrogeoquímicos y ensayos de trazadores.

Por otro lado, se pueden destacar los trabajos realizados por Fernández-Escalante et al. (2005, 2006), donde se describe la situación de 26 acequias de careo de La Alpujarra, y se establecen distintas tipologías en función del material por el que discurren.

Río Chico de Bérchules,
aguas arriba de la acequia de careo de El Espino.
Recomendable es, también, la lectura de muchos relatos de este blog, (http://sembraragua. blogspot.com.es), donde el profesor Rafael Fernández Rubio y su colaborador Jorge Novo, difunden técnicas ancestrales de gestión del agua, con cabida amplia de los careos.
Por último, hay que destacar como imprescindible la lectura del “Manual del Acequiero” (Espín et al. 2010).

Deshielo en la zona de cabecera del río Bérchules,
aguas arriba de las acequias de careo.
De toda esta documentación resulta evidente que el uso de la técnica de careo incrementa la recarga total de los acuíferos en los que se realiza, ahora bien, ¿cuál es el porcentaje de agua recargada con los careos respecto a la recarga natural?, ¿cómo funcionan las acequias de careo?, ¿la recarga se concentra en zonas puntuales o se produce a lo largo del recorrido de la acequia?, ¿el agua recargada es consumida en su totalidad en la ladera donde se infiltra o descarga finalmente en los ríos contribuyendo a mantener su caudal a lo largo del año?...

Para empezar a dilucidar estas interesantes cuestiones se ha hecho un primer acercamiento, en la cuenca hidrológica del río Bérchules, situado en la margen meridional de Sierra Nevada, en la provincia de Granada.

En esta cuenca existe una importante acequia de careo, conocida como la acequia de El
Muestreo de agua de deshielo en la cabecera del río Bérchules.
Espino. La monitorización y seguimiento en continuo del caudal infiltrado por la acequia, y la evaluación de la recarga media del acuífero, mediante su modelización con el código Visual Balan 2.0 (IGME, 2015), ha permitido comprobar que un porcentaje elevado de la recarga total del acuífero, que alimenta al río Bérchules, se debe a las actuaciones de careo.

Además, los aforos diferenciales realizados han permitido identificar las principales zonas de infiltración de la acequia de El Espino. Y los resultados obtenidos indican que la contribución del careo es esencial en el mantenimiento del caudal del río Bérchules, durante el estiaje .

Se considera así que los resultados de este trabajo son de especial interés para la gestión del agua en el Espacio Natural de Sierra Nevada.

Por otra parte, y desde el punto de vista metodológico, se considera que los métodos aplicados permiten su utilización en otras cuencas de alta montaña, donde también son usadas técnicas de recarga similares al careo, como es el caso de las amunas en Los Andes (Apaza et al., 2006).

2. ÁREA DE ESTUDIO

La acequia de El Espino se sitúa en la cabecera de la cuenca del río Bérchules (67,6 Km2), afluente del río Guadalfeo, en la vertiente meridional de Sierra Nevada, en el Sur de España. La zona investigada se incluye en su totalidad en el municipio granadino de Bérchules (Figura 1).

Figura 1. Mapa hidrogeológico y situación del acuífero superficial de Bérchules (IGME, 2015).
Esta cuenca de alta montaña, con altitud media de 2.077 m snm, y pendiente media del 37%, presenta su cúspide en el Cerro del Gallo, con 2.910 m snm, al norte, y una mínima altitud, con 979 m snm, al sur, en la estación de aforo de Narila.

Punto de toma de la acequia de El Espino en invierno.
El agua es derivada del río Chico de Bérchules hacia
la acequia de careo de El Espino.
La precipitación media anual y su desviación estándar asociada es de 810±350 mm/año, mientras que la temperatura media anual es de 8,9º C (periodo 1970-2013) (Cabrera, 2014).

El río Bérchules presenta un régimen de funcionamiento pluvio-nival, con máximos de caudal en enero y mayo, y mínimos en julio y septiembre. El caudal medio del periodo 1970-2013 es de 12,2 hm3/año.

La elaboración de diferentes modelos hidrológicos, con distintos códigos, ha permitido comprobar una importante componente subterránea de la escorrentía (Al Awani, 1997; Cabrera y Martos-Rosillo, 2014; Jodar et al., 2015), comprendida entre el 76 y el 95% y unas entradas por precipitación en forma de nieve con porcentajes comprendidos entre el 23 y el 36 %.

Figura 2. Cuenca del río Bérchules.
Red de drenaje y de acequias con localización
de manantiales e identificación de su densidad.
Hacer clic sobre la imagen para ampliar.
En relación con lo anterior se debe destacar que, en la cuenca del río Bérchules, existe una intrincada red de acequias utilizadas para riego, careo y trasvase de agua entre cuencas.

Existen 19 acequias con una longitud total de 57,45 km (Figura 2). Del total, 21 km son acequias de careo. Las principales son la acequia de El Espino (7 km), que carea aguas del propio río Chico de Bérchules, al igual que la acequia Real (6,6 km), si bien esta última se utiliza para riego una vez finalizada la época de deshielo y, por último, la acequia de Trevélez (11 km, hasta su entrada en la cuenca del Bérchules). Esta acequia trasvasa aguas de la margen izquierda del río Trevélez hacia la cuenca del río Bérchules, donde son careadas. Por su parte, la acequia de Mecina capta agua del río Grande de Bérchules y la deriva hacia la cuenca del río Mecina.

La práctica totalidad de la cuenca investigada se desarrolla sobre rocas metamórficas del Complejo Nevado-Filábride, en la Zona Interna de la Cordillera Bética (Díaz de Federico et al., 1981).

Acequia de careo de El Espino.
Sección típica sin revestir, con 1,5 m de ancho.
Fundamentalmente afloran esquistos grafitosos feldespáticos de grano fino, con intercalaciones de cuarcitas. La principal estructura de deformación, que se reconoce en la zona, consiste en una foliación muy penetrativa, con buzamiento general hacia el N – NE.

Acequia de El Espino.
Discurre en la franja de alteración, que da lugar al
acuífero superficial desarrollado sobre rocas metamórficas.
 La infiltración contribuye a la existencia de numerosos
manantiales, aguas abajo, utilizados para regar pequeñas
 parcelas, y antaño para abastecer a los agricultores
que vivían todo el año en la sierra.
En el mapa hidrogeológico (Figura 1) del Acuífero Superficial de Bérchules (en adelante ASB), definido en IGME (2015), el acuífero lo forma la franja de alteración de los esquistos, y distintas formaciones detríticas que se le superponen. Sus límites coinciden, prácticamente, con los de la divisoria de aguas superficial de la cuenca del río Bérchules, y sus afloramientos permeables cubren una superficie de 59,2 Km2.

Zona de careo de la sima de Bérchules.
Ha dado lugar a una importante zona de pastos.
La recarga media subterránea del acuífero es de 6,3 hm3/año, si bien en las laderas del río otros 6,4 hm3/año se descargan hipodérmicamente, a través de numerosos manantiales colgados. Es así que la lluvia útil, que descarga sobre el ASB, y que no es drenada hipodérmicamente, se recarga en el acuífero para descargarse en manantiales y en el río Bérchules.

Complementariamente existen 20 sondeos de captación de agua subterránea, con caudales de explotación inferiores a 2-3 l/s, que son utilizados como apoyo a los regadíos.

3. LA ACEQUIA DE CAREO DE EL ESPINO

Acequia de El Espino. Punto de toma de agua.
El agua es derivada del río Chico de Bérchules
hacia la acequia de careo.
Esta acequia consiste en un canal excavado en rocas metamórficas, que parte de una derivación existente en el río Chico de Bérchules (Figura 1). Una sencilla construcción denominada “toma”, de piedras y lajas de esquitos, dispuestas en el cauce del río, sin argamasa, deriva el agua del río hacia la acequia.

La construcción y el manejo de la misma la realizan los dos acequieros de la Comunidad de Regantes de Bérchules, encargados de gestionar la distribución del agua para el riego y para el careo, siguiendo los procedimientos empleados por sus antepasados y transmitidos de generación en generación.

Acequiero de la Comunidad de Regantes de Bérchules.
Abriendo la derivación construida en el río, con lajas de 
pizarra, para que el agua acceda a la acequia de careo.

La acequia tiene una longitud de 7.070 m, y anchura media de canal de 1,5 m. Comienza, en su toma (video 1), a 1.998 m snm, y termina en la Sima de Bérchules, a 1.820 m snm. La altitud media de la acequia es de 1.905 m y su pendiente media de 6,8 %.

Durante su recorrido, y antes de llegar al punto de vertido total (sima de Bérchules o de Márcula), no existe ninguna derivación para riego. Las dos únicas derivaciones adicionales existentes permiten dirigir el agua hacia las zonas de careo de la Sima de Los Helechales y de la sima del Barranco de Montina.

Video 1. Bocatoma acequia de El Espino. 
(hacer clic para visionar en You Tube).
Se observa como durante la época de deshielo (abril-mayo), la práctica totalidad de esa agua que circula por el río Chico de Bérchules se deriva hacia la acequia de El Espino. En este video el caudal derivado era de 360 l/s.

La sima de Bérchules (video 2) constituye el principal área de recarga de la acequia de El Espino.

                           Video 2. Sima de Bérchules, descarga de la acequia de El Espino.
El agua que alcanza el final de la acequia de El Espino (210 l/s de los 360 l/s que se tomaron del río)  se desvía para su infiltración total en la “sima de Bérchules”. Los 150 l/s restantes se han infiltrado en el recorrido hacia la citada sima. 

Consiste en una superficie cubierta de pasto, de escasa pendiente, que cubre un área de 32.328 m2, y que se caracteriza por presentar un sustrato con alta capacidad de infiltración.

                                                                            Sima de Bérchules.
                                 Punto final de la acequia de El Espino, donde se carea el agua
                                     que surgirá aguas arriba del núcleo urbano de Bérchules.


De similares características, pero con menor superficie, son las simas de Los Helechales (4.910 m2) y la del barranco de Montina (2.117 m2), a altitudes medias de 1.888 m y 1.866 m snm, respectivamente.

Respecto al funcionamiento de la acequia se indica que, en los años secos, empieza a derivar agua en noviembre-diciembre y no suele llegar hasta marzo-abril a la sima de El Espino. Durante todo ese periodo, se produce una importante infiltración por el lecho de la acequia, antes de que el agua alcance la sima. En los años con lluvias medias y/o abundantes (años húmedos), se deriva agua del río más tarde.

Durante la época de deshielo el agua se vierte en la sima de Bérchules, hasta que se supera la capacidad de infiltración, empieza a escurrir por la superficie. En ese momento, se abren las derivaciones hacia las simas de Los Helechales y del barranco de Montina, y se cierran las de la sima de Bérchules.

Al final de la época de careo, se reduce el caudal derivado del río y el agua no llega a la sima de Bérchules, por lo que se abre primero, la derivación de Los Helechales, y después, la del barranco de Montina.

4. MATERIAL Y MÉTODOS

Tramo inicial de la acequia de careo de El Espino.
Se observa una escala y un tubo de PVC que aloja al sensor
 automático para registro horario de la altura de la lámina
de agua. Dato que es transformado a caudal (l/s).
El volumen infiltrado en el ASB, mediante la acequia de carero de El Espino, durante la campaña 2014-2015, se ha determinado mediante el control en continuo del caudal que circuló en dos secciones de la acequia: una situada a 110 m de su inicio (sección 1. Figura 2), y otra situada inmediatamente aguas arriba de la sima de Bérchules (sección 13).

En estas secciones de control la Agencia de Medio Ambiente y Agua instaló sendos limnígrafos automáticos de capacitancia, de la marca ODDYSSEY, programados para hacer medidas de la altura de la lámina de agua con cadencia horaria.

Dataloger y cable del sensor de control de altura
de la lámina de agua.
Para la elaboración de la correspondiente curva de gasto, de cada sección, se han realizado aforos, con cadencia aproximadamente quincenal, mediante micromolinete (modelo C2 10.150, de OTT).

Por su parte, en abril de 2015, se realizó una campaña de aforos diferenciales, a lo largo de todo el recorrido de la acequia de El Espino, con objeto de identificar los tramos en los que concentraba la infiltración. El cálculo de caudales de aforo se ha realizado mediante el producto de área x velocidad.

Aforo en sección de acequia con micromolinete.
Está instalado un sensor de control continuo de la
altura de la lámina de agua.
Las hélices y el cuerpo del micromolinete han sido calibradas regularmente siguiendo la norma ISO 3455. El volumen de agua infiltrada ha sido comparado con los recursos medios renovables del ASB, dado que estos han sido calculados recientemente mediante la modelización de la recarga con el código Visual Balan (IGME, 2015).

Asimismo, se ha comparado el volumen de agua recargado con el caudal de drenaje de los manantiales, situados aguas abajo de la acequia.

5. RESULTADOS

5.1. Evaluación de los recursos infiltrados en la acequia de El Espino (campaña 2014-2015).

En la Figura 3 se han representado los datos de caudal registrados en las dos secciones de control.
Figura 4. Hidrogramas del caudal medido.
Línea negra: toma de la acequia de El Espino.
Línea roja: descarga en la Sima de Bérchules.
En la Tabla 1 se reflejan las aportaciones medidas en la toma y en la sima de Bérchules.
Tabla 1. Aportaciones en las secciones de control instaladas en la acequia de El Espino.
Toda el agua derivada hacia la acequia se ha infiltrado, bien a lo largo de su recorrido por la acequia, bien en la sima de Bérchules. Por tanto, la integral del hidrograma de la toma de la acequia indica el volumen infiltrado en la campaña de 2014-2015.

Boquera o compuerta para derivar el agua de la
acequia de El Espino, hacia la sima de Bérchules.
Se observa uno de los sensores de control de altura de
la lámina de agua, para conocer el caudal recargado en la sima.
El volumen total infiltrado (Tabla 1) ha sido de 1,57 hm3, de los que 0,273 hm3 se infiltraron en la sima de Bérchules (entre el 1 de abril y el 15 de mayo de 2015). Es decir, durante esta campaña la mayor cantidad de agua infiltrada se ha producido por el lecho de la acequia (1,30 hm3). El control del caudal que circula por la acequia ha permitido comprobar que es necesario infiltrar un volumen importante de agua (0,34 hm3 en esta campaña), para que el agua alcance a la sima de Bérchules.

Entre el 15 de mayo y el 15 de junio, el agua no alcanzaba la sima de Bérchules, pero se infiltraron 0,19 hm3 aguas arriba de esta. Por otro lado, se ha comprobado que el caudal derivado del río debe ser superior a los 150 l/s para que el agua
llegue a la citada sima.

Otro aspecto que destaca, en la Figura 4, consiste en la evolución paralela de los caudales en el tiempo, en las dos secciones de control, con diferencias de caudal del orden de 120 a 300 l/s. Este registro pone de manifiesto la importante capacidad de infiltración de la acequia a lo largo de su recorrido.

5.2. Evaluación de la infiltración a lo largo de la acequia

El 28 de abril de 2015 se realizó una campaña de reconocimiento y aforos diferenciales, a lo largo de todo el recorrido de la acequia de El Espino (Figura 3). Se realizaron 13 aforos, con caudales  comprendidos entre 234 y 61 l/s. En el recorrido hasta la sima de Bérchules se infiltraban 173 l/s y en la sima de Bérchules 61 l/s, por tanto, todo el caudal se infiltraba en la zona de alteración de los esquistos nevado-filábrides.

                                   Figura 3. Simas y puntos de aforo en la acequia de El Espino.
En los puntos de aforo 1 y 13 existen sensores de nivel, para la lectura en continuo de la altura del agua.
Entre la sección de aforo 1, próxima a la toma, con un caudal de 234 l/s, y la sección de aforo 3 (209 l/s), se infiltraban 24,3 l/s (Figura 4). Estas pérdidas en la acequia se producen fundamentalmente a su paso por una zona de afloramientos de micaesquistos sin alterar.

Entre la sección de aforo 3 y la 6 se infiltraba un caudal de 33,2 l/s. Aquí se sitúan unos 15 manantiales entre la acequia de El Espino y la acequia Real, cuyo funcionamiento está íntimamente ligado a la acequia de careo.

En el tramo comprendido entre la sección 6 y la sección 12, que trascurre sobre la zona de alteración de los esquistos, se infiltraban unos 50 l/s.

Por último, el tramo con mayor infiltración es el comprendido entre la sección de aforo 12 y la 13 (66,6 l/s), en los 540 m anteriores a la llegada de la acequia a la sima de Bérchules. Aguas abajo de este sector se sitúan dos barrancos, donde existen numerosos manantiales que aportan agua a la vegetación de ribera de estos afluentes del río Chico.

Figura 5. Caudal de la acequia de El Espino versus distancia
a la toma (28 de abril de 2015).
6. DISCUSIÓN

A partir del inventario de puntos de agua, realizado recientemente (IGME, 2015), se ha podido comprobar que entre la acequia del Espino y la acequia Real existen unos 90 manantiales. El caudal drenado por estos, es inferior a 18 l/s, notablemente inferior al recargado por la acequia (51 l/s). De aquí se deduce que buena parte de la infiltración, que se genera con el careo, contribuye a recargar al acuífero.

Una vez en la zona saturada, el tránsito del agua recargada en el ASB ralentiza su salida de la cuenca, constituyendo la descarga del acuífero hacia el río el soporte para abastecer la actividad agrícola en verano, y para mantener a los ecosistemas asociados a estos recursos. En este sentido, tanto en el río Chico de Bérchules, como en sus tributarios por su margen derecha, la vegetación de ribera permanente, indica su carácter ganador.

Antiguas parcelas de los habitantes de la sierra.
Se observa una pequeña balsa de regulación, impermeabilizada
 con launa (micaesquistos y filitas alterados), utilizada para
regadio de un huerto. Los pequeños manantiales asociados a los
careos permitían el abastecimiento de agua de boca. Al fondo se
 observa una antigua era, donde se trillaba el cereal.
Es así que esta ancestral forma de manejar el agua, de los alpujarreños, contribuye a generar mayor diversidad ecológica y a elevar el valor ambiental de Sierra Nevada.

Por otro lado, no debe pasar desapercibido que el agua recargada mediante este careo contribuye a mantener el caudal de las surgencias que abastecen a Bérchules.

En términos cuantitativos, el agua infiltrada por la acequia de careo del Espino durante la campaña 2014-15 (1,57 hm3/año) supone un 25% de la recarga del acuífero en un año medio (6,3 hm3/año) y la práctica totalidad de la recarga que se produciría en un año seco. En este sentido, se indica que el percentil 25, de la serie de recarga anual del periodo 1970-2010 (IGME, 2015), es de 1,13 hm3/año.

Estas cifras ponen de manifiesto la notable influencia del careo en el funcionamiento del acuífero y del río, más aún si se tiene en cuenta que, en esta cuenca, no se ha controlado el resto de acequias de careo, que suman un total de 14,4 km de longitud. El importante incremento de la recarga, que supone la actividad de careo, explica los elevados porcentajes de agua subterránea que se deducen de la modelización de los hidrogramas, en los ríos de la vertiente sur de Sierra Nevada (Al-Awani, 1991) y la del propio río Bérchules (Al-Awani, 1991; Cabrera y Martos-Rosillo, 2015; Jodar et al., 2015).

Por tanto, no es de extrañar que el constatado abandono de numerosos careos, durante las últimas décadas esté detrás de la disminución de caudal que se viene observando en la cabecera de los principales ríos que nacen en la margen sur de Sierra Nevada y, probablemente, en el aumento medio de la temperatura del agua de estos ríos durante el verano, con las notables repercusiones que implica en la fauna piscícola.

7. CONCLUSIONES

En Sierra Nevada existe una impresionante red de acequias de careo, que suponen un patrimonio agronómico, histórico, etnológico y medioambiental de indudable valor. A estos valores se debe añadir el hidrogeológico.

Panorámica de la margen derecha del río Bérchules (en otoño).
El sabio manejo de las acequias de careo y de regadío
permite el desarrollo de un verdadero vergel, en el que
la agricultura tradicional se entremezcla con la vegetación
de ribera, los castañares y robledales.
Este tipo de acequias constituye un ingenioso ejemplo de infraestructura hidráulica ancestral, con la que se consigue infiltrar los excedentes del deshielo de la propia cuenca o de las contiguas, de forma distribuida en el espacio, en las zonas hidrogeológicamente más favorables. Se consigue, de este modo, utilizar el medio subterráneo para regular los recursos hídricos en zona de alta montaña, donde la construcción de presas resultaría especialmente ineficiente por la elevada pendiente del terreno.

Por otro lado, su eficiencia resulta sorprendente en términos cuantitativos. Durante el año hidrológico 2014-2015, que ha sido un año seco, la acequia de careo del Espino ha infiltrado el 25 % de la recarga media del acuífero, y la práctica totalidad de la recarga que se produciría en un año seco.

Sima de Bérchules (imagen satelital).
Se ha representado  la dirección de los fujos subterráneos del agua recargada (flechas amarillas) y los manantiales aguas abajo (puntos azules) que abastecen (desde época andalusí) al núcleo urbano de Bérchules. Los arroyos aguas abajo de la acequia presentan vegetación de ribera, permanente, relaccionada con la descarga del agua infiltrada.
El agua infiltrada se distribuye a lo largo de su recorrido, haciendo surgir numerosos manantiales en la ladera, que son utilizados para regadío, alimentando pastos, y para abastecimiento.

Entrada de agua en la sima de Bérchules.
Buena parte del agua infiltrada no emerge por esos manantiales y lo hace por el cauce del río, contribuyendo a mantener su caudal en estiaje y generando un flujo superficial que es captado, en la época de máxima demanda, por las acequias de riego a cota más baja. Se trata, por tanto, de un ejemplo a seguir, que permitiría combatir los efectos predecibles del cambio climático.

La metodología aplicada podría utilizarse en otros sistema de recarga similares a los careos, como es el caso de las amunas de Los Andes.

AGRADECIMIENTOS

Aforo químico.
Aguas arriba de la derivación de la acequia de El Espino.
Este trabajo forma parte de la actividad desarrollada por el Servicio de Investigación que el IGME está realizando a la Agencia de Medio Ambiente y Agua,de la Junta de Andlucía,  y constituye una contribución al nuevo de ciclo de Planificación Hidrológica 2016-2021 de Andalucía.

Agradecemos la especial ayuda prestada por la Comunidad de Regantes de Bérchules, en concreto por su presidente José Luís Ortega Rodríguez. Asimismo, se quiere agradecer la colaboración del Parque Nacional de Sierra Nevada, y en particular a Beatriz Villagómez y Manuel Peregrina por su inestimable ayuda en las labores de campo.

REFERENCIAS

Al Alwani, G. (1997). Hidrología e hidrogeología en la cuenca del río Guadalfeo. Aplicación del Modelo HPSF para la simulación de nieve y balance hídrico. Tesis Doctoral. Departamento de Geodinámica. Universidad de Granada, Granada, 343 p.

Apez, I., Arroyo, R., y Alencastre, A. (2006). Las amunas de Huarochirí. Recarga de acuíferos en los Andes. Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (Perú) y Embajada Real de los Países Bajos. 98 p.

Cabrera, J.A. (2014). Evaluación de los recursos hídricos en una Cuenca de alta montaña (Cuenca del río Bérchules, Sierra Nevada, Granada) utilizando modelos hidrológicos agregados y semidistribuidos. Trabajo Fin de Máster. Universidad de Málaga. 168 p.

Cabrera, J.A. y Martos-Rosillo, S. (2014). Evaluación de los recursos hídricos de las cabeceras de los ríos Bérchules y Mecina (Sierra Nevada, Granada) mediante la aplicación de los modelos HBV y Témez-Grado–Día. IGME-AMAYA. 141 p.

Díaz de Federico, A., Orozco, M., Puga, E., Fonboté, J.M. (1981). Mapa Geológico de España (1028). Aldeire. 1:50.000. Serie MAGNA. Instituto Geológico y Minero de España. Madrid. 34 p.

Espín, R., Ortíz, E. y Guzmán, J.R. (2010): Manual del Acequiero. Agencia Andaluza del Agua. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. Sevilla. 155 p.

Fernández-Escalante, A.E., García, M., Villarroya, F. (2005). The “careos” from Alpujarra (Granada Spain), a historical example of artificial recharge previous to XIII century applicable to the XXI century. Characterization and inventory. ISMAR 5 proceedings. 5th International Symposium on management of aquifer recharge. Berlín.

Fernández-Escalante, A.E., García, M., Villarroya, F. (2006). Las acequias de careo, un dispositivo pionero de recarga artificial de acuíferos en Sierra Nevada, España. Caracterización e inventario. Tecnología y Desarrollo. Separata, Volumen IV. 33 p.

IGME (2015). Servicio de investigación hidrogeológica de acuíferos de alta montaña sometidos a explotación intensiva del agua subterránea. Cabecera de los ríos Grande de Bérchules y Mecina (Granada). Informe preliminar. 63 p.

Jódar, J., Cabrera, J.A. y Martos-Rosillo, S. (2015). Calibración y explotación del modelo agregado en HBV de las cuencas hidrológicas de los ríos Bérchules y Mecina en el ámbito de Sierra Nevada (Granada). IGME y AMAYA. 49 p.

Plaza-García, M.P. y García-Rubia, R. (2010). Actualización, digitalización y georreferenciación de la red de acequias de careo en el Espacio Natural Protegido de Sierra Nevada. TRAGSATEC-Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Sevilla. 131 p.

Pulido-Bosh, A. y Sbih, Y. (1995). Centuries of artificial recharge on the southern edge of the Sierra Nevada (Granada, Spain). Environmental Geology, 26, 57-63.

Vivas, G., Gómez-Landesa, E., Mateos, L., Giráldez, J.V. (2009). Integrated Water Management in an ancestral water scheme in a mountainous area of southern Spain. World Environmental Water Resources Congress. Kansas City. Missouri. 9 p.

Autores de las fotos: Antonio González Ramón y Sergio Martos Rosillo.

viernes, 5 de junio de 2015

Sembrando nieblas... en la Isla de Lanzarote

Rafael Fernández Rubio, Dr. Ingeniero de Minas
Jorge Novo Negrillo, Geólogo
David Lorca Fernández, Ingeniero Técnico de Minas


El archipiélago de las Islas Canarias.
Las Islas Canarias nos podrían parecer una flota de siete navíos mayores y cuatro menores, surcando el Océano Atlántico... Nos podrían recordar que forman parte de la región de la Macaronesia (del griego “Islas Felices”)... Nos podrían traer al corazón, estas Islas Afortunadas, estremecedoras erupciones volcánicas, perforando la inmensa lámina de azul infinito, para forjar un increíble contraste de paisajes, y dar cobijo a unos hombres y a unas mujeres que manejan, a la perfección, con tesón y con mimo, su muy escasa y valiosa agua dulce...

La isla de Lanzarote buque insignia de las Islas Afortunadas.
Sabiduría, la de estos compatriotas, de la que hoy quisiéramos apenas mostrar una pincelada, con el sueño de despertar el interés en los miles de lectores que nos honran, desde decenas de países, esparcidos por la faz de la tierra.

Y de estos navíos vamos a fijar la atención en el que, surcando por el proceloso océano, aparece como buque insignia: la isla de Lanzarote, a mil kilómetros al suroeste de la España peninsular.

Isla esta encadenada a un eje de volcanes, donde la lluvia media apenas alcanza a los 150 mm...

Y ¿qué se puede hacer cuando es tan escasa la lluvia? ¡Milagros! Es lo que hacen, con tesón, los conejeros, que así se conoce a los habitantes de Lanzarote.

Volcanes en la isla de Lanzarote (Foto: L.M. Bugallo Sánchez).
Esto no es un eufemismo, ni es una retórica... es lo que ha conseguido el ingenio, la inventiva y el discurrir de los habitantes de Lanzarote, en este clima subdesértico y, especialmente, en la zona conocida como La Geria, que se extiende por los municipios de Yaiza, Tías, Tinajo, San Bartolomé y Teguise. Espacio éste que, por su singular belleza, ha sido declarado Parque Natural y Paisaje Protegido, dentro de una isla que ya se ganó el título de Reserva de la Biosfera, otorgado por la UNESCO...

Evolución en el nacimiento de las Islas Canarias.
(Guillou et al., 2004).
Pero volvamos al pasado, con la moviola del tiempo. Esta isla, la más antigua del archipiélago canario, y hoy la más hundida, nació tal vez hace veinte millones de años. Luego seguiría el resto de islas más jóvenes, caminando hacia el oeste.

Como no estuvimos allí para contarlo, en los viejos tiempos geológicos, acudimos al saber de J.A. Rodríguez Losada que, en la isla de Lanzarote, distingue tres ciclos volcánicos diferentes: 1) ciclo de basaltos tabulares (entre 15 y 6 millones de años), visible en los macizos de Famara al Norte y de los Ajaches al Sur; 2) ciclo volcánico intermedio (entre 2 y 1 Ma); y 3) ciclo reciente, que incluye las erupciones históricas muy bien documentadas, porque geológicamente apenas fueron de ayer.

Montaña de Fuego en el Parque Nacional de Timanfaya.
(http://www.informacioncanarias.com/).
Y es en este último ciclo, hace apenas trescientos años (especialmente entre 1730 y 1736), cuando el dragón dormido despertó, la tierra se abrió en Timanfaya, y decenas de cráteres volcánicos lanzaron al cielo nubes de cenizas volcánicas y lapillis (conocidas aquí como picón rofe), mientras que por el suelo corrían ríos de lava fundida.

Estos materiales cubrieron los territorios más fértiles de la isla, producto de la meteorización e hidrólisis de las rocas superficiales, del antiguo edificio volcánico (alteritas).

Hoy, escalofriantes permanecen los relatos de aquel acontecer, como el histórico manuscrito del cura de Yaiza, y los de otros testigos presenciales de los hechos...

Cadena de volcanes en la isla de Lanzarote
(Foto: L.M. Bugallo Sánchez).
Y testigos también, de aquel dramático episodio de la gea enfadada, son los numerosos cráteres, que se abren por doquier; el calor geotérmico remanente que aun perdura, a escasos decímetros o metros de profundidad (como en la Montaña de Fuego); los mares de lavas, que se extienden sobre grandes espacios intransitables (malpaís); las cenizas, que cubren grandes extensiones, y que sepultaron el trabajo de aquellos conejeros, bajo un manto de cineritas poco compactas y de baja densidad...

Malpaís de Timanfaya (Foto: Isabello del Toro).
Y así, en aquellas tierras, los conejeros vieron desaparecer sus cultivos, fuente de vida, bajo los depósitos de las erupciones volcánicas. Pero, como hemos dicho, el ingenio, la inventiva y el tesón de estos hombres consiguió el milagro de hacer resurgir a sus campos, cubiertos de cenizas, como mitológica Ave Fenix.

Detalle de los conos invertidos con su correspondiente
viña (Foto: Peter Gerstbach).
¿Y qué acontece en La Geria?... Nada más dar los primeros pasos en este Paisaje Protegido, se abre ante nuestros ojos algo insólito que, con acierto, ha entrado en la categoría de "Arquitectura sin Arquitectos".

Se trata de millares y millares de hoyos, que podrían parecernos micro-volcanes. Su morfología es la de conos invertidos, excavados en las cenizas volcánicas, con diámetros que llegan hasta los 4 a 5 m, y profundidades de hasta 2 a 2,5 m.


Arquitectura sin arquitectos (Diseño: R. Fernández Rubio).
Los conos invertidos cubriendo laderas y llanuras
(Foto: L.M.Bugallo Sánchez).
Estos hoyos, alcanzan hasta la tierra vegetal, que quedó fosilizada por las cenizas. Su distribución geométrica es variada, siguiendo en general una pauta más o menos cuadriculada, pero adaptándose a la morfología del terreno, en zonas más o menos horizontales o en las laderas de las montañas.

Y estas construcciones, verdaderas obras de artesanía, son exponente fehaciente de la laboriosidad de estos hombres y mujeres, sin más ayuda, muchas veces, que la de sus grieteadas  manos.

Desde cualquier ángulo, desde cualquier perspectiva, atraen a la vista, arrebatan y cautivan a los sentidos, y nos producen profunda admiración.

Plantación de viñedos en cenizas volcánicas
(Foto: Soko78).
Frecuentemente complementa la estructura de estos hoyos, en superficie, un murete semicircular de piedra seca volcánica, que puede alcanzar los 60 ó 70 centímetros de altura (aunque otras veces son menores o incluso no existen), y que nos hacen recordar a los "socos" o "zocos" de la isla de Fuerteventura.

Los hoyos a veces se ven sustituidos por zanjas, a lo ancho de todo el plantío o perimetrales a  la finca.

Vendimiador en plena faena
(Foto: J.M. Barreto Caamaño).
Y ¿qué objeto tienen estas construcciones en las que se han invertido tantos y tantos jornales? Los agricultores podrían contárnoslo mejor que nadie, pero a falta de ellos, con nuestras limitaciones, lo vamos a relatar aquí...

Una vez que aquellas fatídicas trapisondas volcánicas, surgidas del magma profundo, hundieron en la miseria a la agricultura de esta isla, sus habitantes no se dieron por vencidos, y buscaron el fértil subsuelo, perdido bajo la cubierta estéril de cenizas y, con su incansable tesón, fueron abriendo, día a día, año a año, estas inmensas colmenas en el negro picón. Y allí plantan sus viñas y también, en menor proporción, higueras y otros frutales.

Como colmenas las plantaciones de viña ocupan grandes superficies
(Foto: J.M. Barreto Caamaño).
Y en ese continuo laborar hoy la superficie total de cultivo vitivinícola se extiende sobre unas 3.300 hectáreas, situadas en general en altitudes entre 200 y 500 m snm, de las cuales unas 1.900 están protegidas por la Denominación de Origen "Vinos de Lanzarote".


El número de esos conos, y por consiguiente, el de cepas que albergan, no supera a los 2.000 por hectárea (con lo que estamos hablando de unos seis millones de conos). Las cepas, que en promedio pueden tener entre 30 y 50 años, se podan en rastra.


Con racimos de granos de oro premia la Naturaleza el
esfuerzo de los conejeros (Foto: J.M. Barreto Caamaño).
Por supuesto que este cultivo no permite mecanización y, por supuesto, todas las labores se tienen que efectuar de manera manual.

La vendimia se realiza cada año allá por el mes de julio, con una producción de entre 1.000 y 1.500 kg de uva por hectárea, totalizando entre el millón y los tres millones de kilos, de un producto de excelente calidad.

Entre las distintas uvas, que aquí se cultivan, la más famosa es la variedad "malvasía"; uva pequeña, muy delicada, y de escaso rendimiento, pero sin duda muy bien adaptada a este medio, de intenso sabor y perfume, como los vinos que de ella nacen.

Parcelas plenamente ocupadas por hoyos de
siembra.(Imagen satelital Google earth).
¿Y eso es todo?... desde luego que no, porque hemos hablado de tierra fértil sepultada por ceniza, y del artificio empleado para recuperar su valor agrícola, pero ¿cómo se riega a estas viñas donde apenas llueve?

De esto queremos hablar, porque es ejemplo evidente de un "sembrar agua", no registrada en los pluviómetros, en donde entran en escena dos elementos clave conjuntados: vientos alisios y nieblas, de los que estos agricultores han sabido sacar todo el provecho, con esos conos invertidos en las que cultivan las viñas.
Entre los vientos planetarios son los alisios los que de manera casi constante
enfilan hacia las Islas Canarias.

Porque los alisios, que llegan desde el noreste y el norte, en su largo discurrir sobre el inmenso océano, vienen con sus ubres cargadas de agua, en forma de niebla, en un proceso de realimentación continua, base de una siembra de agua, oculta a nuestros ojos, pero con aportaciones mucho mayores de lo que pudiéramos imaginar. Es lo que se ha dado en llamar "lluvia horizontal", pero que, al combinarse con el ingenio y el esfuerzo humano, preferimos englobarlo  en el concepto de que entendemos más apropiado de "sembrar agua".

Durante la noche la humedad de las nieblas se condensa
en las cenizas volcánicas (Foto: J.M. Barreto Caamaño).
No hemos dicho, pero se sobreentiende, que las cenizas, al ser muy higroscópicas, actúan como verdaderas esponjas, en las que, durante la noche, se condensa la humedad atmosférica, en forma de pequeñas gotitas que, por gravedad, alcanzan al oculto suelo vegetal, para alimentar así al sistema radicular de las viñas, y dar esas uvas de las que se obtendrán vinos de excelente calidad. Pero es que, a su vez, esas cenizas reducen las pérdidas por evaporación... Por tanto, nos encontramos ante un sistema perfecto, domeñado por el hombre para alcanzar el objetivo apetecido.

El tapial defiende a la uva de los vientos alisios
(Foto: J.M. Barreto Caamaño).
A todo esto ayuda el tapial que contornea al hoyo, en la dirección de barlovento, actuando como cortaviento. Murete que juega un doble papel: en las áreas donde el espesor de las cenizas es mayor y, por consiguiente, donde los hoyos son más profundos, impide que las cenizas voladoras sepulten a la cepa; en las zonas con menor espesor de cineritas, y por tanto con hoyos más someros, impide que el viento y las cenizas dañen a la cepa y a la uva.

En este marco dinámico no podemos olvidar que estos vientos alisios, por el efecto Coriolis, soplan de manera casi constante, desde el norte - noreste, a partir de las altas presiones subtropicales, hacia el sur - suroeste, donde se produce el ascenso por las bajas presiones ecuatoriales. Todo ello con el impulso que aporta el anticiclón de las Azores, enorme máquina energética, creada por el dios Eolo.

El "sereno de la noche" provoca la condensación oculta
en forma de rocío (Foto: J.M. Barreto Caamaño).
Así la niebla, transportada por los alisios, al chocar con esa pared semicircular de piedra seca, y al ponerse en contacto con las cenizas del cono, empapa sus espacios porosos, estando en condiciones ideales para condensarse, noche tras noche, en la heliotermozona diaria, al producirse el enfriamiento de la roca, y alcanzarse el "punto de rocío".

De esta manera se origina la condensación oculta y, con ello, la "siembra de agua". Y es así que la precipitación del rocío (aquí conocido con tan poético nombre como el de: "sereno de la noche"), hace posible el cultivo de la vid, donde aparentemente no se contaría con la lluvia requerida.

Nos acercamos al final del relato, pero no quisiéramos terminarlo sin dedicar algunas palabras al proceso termodinámico que se produce en La Geria, aunque la documentación científica localizada es escasa, y el proceso no está cuantificado.

También las higueras se benefician de la siembra de
nieblas (Foto: J.M. Barreto Caamaño).
Factores fundamentales, ya lo hemos visto, son: la humedad de los vientos alisios y las nieblas que aportan como maná del cielo. Humedad que es variable a lo largo de la vertical de la nube, igual que lo es la velocidad del viento,  en el espacio y en el tiempo. Y condensación que se produce por el enfriamiento nocturno de las cenizas, mientras dormimos, para regalar la savia a las viñas..

Hemos de decir que, en la isla de Tenerife, se han realizado estudios muy profundos, dados a conocer por Juan José Braojos Ruiz, toledano de nacimiento y tinerfeño de adopción, que nos ha aportado información muy valiosa y, en especial, su publicación titulada "La nube, el pino y la otra lluvia"...

Los vientos alisios superiores aportan su agua de
niebla en las islas de mayor cota.
Esos estudios se refieren, fundamentalmente, a los vientos alisios superiores, entre los 750 y los 1.750 m snm, donde se localiza la franja con mejor potencial de captación de estos vientos, en las islas de mayores alturas.

Pepe Braojos, a lo largo de ese denso estudio monográfico, desgrana todos los factores y, lo que es más meritorio, aporta la formulación para poder realizar la modelización matemática. De esta forma la precipitación de agua de niebla es mucho mayor que la precipitación en forma de lluvia, en el contexto del balance hídrico de las islas más occidentales de las Canarias, especialmente en zonas cubiertas por pino canario (Pinus canariensis), pero también por otras especies arbóreas, como las que pueblan al bosque laurifolio.

Bosque húmedo en las Islas Canarias
(http://www.absolutcanarias.com/laurisilva/).
La diferencia, de entrada, es que la franja vertical de los alisios considerados es diferente en cota, pero más importante aún es que el mencionado balance hídrico se refiere a la "lluvia útil", es decir a la suma de la escorrentía superficial (prácticamente despreciable) y la infiltración a los acuíferos (que puede alcanzar valores elevados). En nuestro caso la "lluvia útil" es precisamente la que abastece a la transpiración de las viñas, y la que vamos a paladear en las botellas de vino, con lo que no está contabilizada en ese balance...

No obstante, de la lectura de su libro surgen cien ideas, y ganas de poder orientar una investigación aun no realizada, que permita definir, con precisión, los volúmenes de agua infiltrada, en ese "acuífero cutáneo" de cineritas.

El sembrar niebla en Canarias no es un experimento...
es la más fértil realidad (Foto:Bthv).
El proceso de infiltración y recarga se podría cuantificar con instalación de sonda nuclear de neutrones, y de los correspondientes termómetros e higrómetros, enterrados a diferentes profundidades. La instalación se acompañaría con anemocinemógrafos a diferentes alturas, para registrar la dirección y velocidad del viento (al objeto de evitar "pasillos de niebla" entre los huecos).Todo ello permitiría definir las mejoras a implantar, actuando sobre los parámetros controlables.

Cuando no hay agua se suple con imaginación...
(Foto: Frank Vincent. Bodega La Geria)
Con seguridad que este estudio contaría con el apoyo de las instituciones isleñas y de sus tenaces agricultores, por los beneficios que proporcionaría... es por ello que esperamos que, algún día, se pueda abordar en profundidad, esta investigación... aunque con ella desaparezca el embrujo de las soñolientas nieblas.


Cono volcánico con cultivo en hoyos dentro de su caldera en
La Geria. (Imagen satelital: Google earth).
Nota final: Son muy a destacar otras actuaciones hidrológicas y agrícolas, que han llevado a cabo los hombres y mujeres de Lanzarote, a las que hoy no podemos dar cabida en este relato. Nos referimos a lo descrito por Marta Peña Hernández (en su artículo "Breve aproximación a los sistemas agrícolas de Lanzarote"): construcción de "pareones" en las laderas de elevada pendiente; de "traveseros" en los cauces de los barrancos; de "gavias" para aprovechar las lluvias torrenciales que estacionalmente tienen lugar en Lanzarote...
Agradecimientos: A cuantos han aportado información, documentación e imágenes: Dionisio Canomanuel, Juan José Braojos, José María Barreto Caamaño... A los agricultores de Lanzarote por su excelente saber hacer...





Comentario al relato "Sembrando niebla"

Tomás Rodríguez Estrella
Profesor Titular de Hidrogeología
Universidad Politécnica de Cartagena  

Paisaje volcánico de Lanzarote (Foto: L.M. Bugallo Sánchez)
Tu artículo, Rafael, además de ser descriptivo minucioso, científicamente  impecable y divulgativo-docente, me ha inspirado ciertas figuras poéticas, que voy a exponer a continuación, aunque yo nunca estuve en Lanzarote.

Muchos piensan que la belleza está en un bosque florido, en un río cantarín o en un vaporoso y policromado pavo real. Sin embargo yo también veo belleza en un liliputiense bosque artificial vitícola, en un río silencioso subsuperficial que no circula y en un pavo real irreal, por ser imaginativo.

Hoyos construidos por los conejeros para que
siembren agua. (Foto: blog.canariasviaja.com)
En un territorio subdesértico volcánico, casi marciano, los conejeros han hundido sus techos de madrigueras y los han convertido en pequeños hoyos, aprendices de cráteres, para que los alisios les visiten y “siembren agua” en  lagos invisibles. Por las noches, mientras los hombres duermen, una neblina (“sereno de la noche”) se cuela en los dormitorios circulares pétreos y deposita sus lágrimas de rocío, entre los poros del lapilli y la ceniza; luego, antes de que se despierten, se va, sin que nadie la vea, a su océano  inmenso y se funde entre sus aguas. Pero al día siguiente vuelve, porque sabe que tiene que seguir alargando las caliptras terminales de las raíces, para que puedan llegar a la zona fértil.

La malvasía nace donde la vida parece morir
(Foto:J.M. Barreto Caamaño).
El majo agricultor de la Geria no dice nada, no pregunta ni se pregunta, no quiere saber cual es el mecanismo científico de su amigo invisible; pero sabe que es amigo, porque, de forma gratuita, va engordando las bayas malvasías de los racimos y las va envolviendo de un aroma atlántico y un sabor único e irrepetible. Existe una perfecta simbiosis entre el hombre y la naturaleza.

Diablo de Timanfaya, diseñado por César Manrique.
Como tú dices, visto desde un avión parece un barco insignia que surca el mar proceloso, rodeado de una escolta de pequeñas carabelas; pero ese navío no avanza, está varado sobre un volcán de fuego aparentemente dormido, pero que si se le trata mal, se enfada y ruge como un felino hambriento y escupe fuego por su boca de dragón: es la Montaña de Fuego del Parque  de Timanfaya.


Agricultor conejero
(http://www.losbermejos.com/index/agricultores).
Pero sobre todo están sus habitantes campesinos: hijos de Lanceloto y del terruño, que no quisieron ser navegantes nómadas, sino artesanos hídricos enraizados. Según tus propias palabras: “manejan a la perfección, con tesón y con mimo, su muy escasa valiosa agua dulce”. Son pacientes, testarudos, que persiguen lo que quieren y siempre lo consiguen. Pero un hombre  terco y rudo no tiene  porqué ser un ser insulso y prosaico. Los conejeros, estoy seguro, tienen un corazón ardiente, hecho de material volcánico, y unos ojos semicerrados, para que mientras que ven cómo la nube de rocío les envuelve, puedan al mismo tiempo soñar con realidades futuras inmediatas.

Gracias, Rafael, por haberme obligado a tener que escribir lo que he escrito, leyendo tu relato.

Un abrazo

Tomás
Murcia 11 Junio 2015