Poesías del agua. Cántico al sondeo.

Cántico al sondeo





Tomás Rodríguez Estrella
Dr. en Ciencias Geológicas.
Profesor Titular de Geodinámica Externa.
Universidad Politécnica de Cartagena.





Todos los poetas del mundo
cantaron y muchas veces
al río y al manantial,
pero ninguno (tal vez alguno?)
lo hizo al agua de un sondeo.


Un sondeo muerto es ciertamente feo:
tubo con orín (con tapa o sin ella),
en cuyo fondo reposan aguas mudas,
prisioneras de su estatismo o de su fracaso.
Pero un sondeo vivo,
con respiración eléctrica,
es fuente de ser, de canción y de esperanza.



Yo he marcado muchos sondeos,
desde hace treinta años,
pero cada vez que lo tengo que hacer,
mis manos resudan,
mi garganta se seca
y mi corazón se desboca (por la incertidumbre),
como si fuera el primer sondeo,
la prístina novia
o el madrugador beso.


Así es que cuando sale el agua por la boca
toda mi zozobra se acaba o apacigua
y mi frente se refresca con las gotas salpicadas.
Es como si hubiese nacido un niño.
Algunos de estos primerizos nacen ya adultos,
porque son caudalosos y enérgicos,
porque se abren paso entre las piedras
y porque se casan con las margaritas del campo:
primero las acuestan y luego las tapan con prisas
con mantas de plata cosidas con lágrimas.
Otros, por el contrario, nacen enclenques,
y su vida es un hilo intermitente,
que se quiebra con el viento más liviano.


Todos mis sondeos son hijos y los quiero,
y a todos los vigilo, en la distancia, luego:
a los sanos, por si de pronto estornudan
y a los enfermos, por si dejan de estornudar.


Un sondeo vivo, por tanto,
es bello pero también enigmático,
porque comunica con las entrañas de la tierra
y porque su agua nos cuenta cosas de allí abajo:
si hace frío o calor,
si la tierra es dulce o salada,
o si viven seres vivos
que nos enferman o matan
cuando tocan la garganta.


El momento más sublime
es cuando aflora el agua,
pero yo no miro a su boca,
sino a los ojos del hombre de la tierra,
ese que la sequía le aró surcos en su frente,
el mismo que tiene clavada su frente en los surcos.
Cuando ve salir al agua,
su frente se estira,
sus manos dejan de estar arrugadas
y aunque ya no se acuerda de lo que es reír,
¡sonríe!,
al tiempo que me mira y calla.


Nunca me da las gracias,
pero yo sé que ese suspiro,
que de su boca se escapa,
choca contra mi cara
y en ella se desparrama.

Entonces me siento Creador
y el poeta de las aguas...

tomasrestrella@hotmail.com
  
Tras transcribir este relato poético, que escribió Tomás, allá por sus tierras murcianas, cuando corría el año 2002, mientras le cambiaban el aceite al coche... quisiera tomarme la licencia de expresar dos comentarios:

1.-  Sembramos agua, y también lo hace la madre Naturaleza, para después poderla "cosechar", y eso los hidrogeólogos lo hacemos muchas veces mediante sondeos, que nos permite regular este recurso, de valor infinito, para atender a las necesidades más vitales.

2.-  El Prof. Rodríguez Estrella es un hidrogeólogo más grande que la copa de un pino; lo "conocí"  en profundidad, en los años setenta, cuando con mis alumnos de la Sección de Geología, de la Universidad de Granada, recorríamos sus acuíferos del Albacete y de Murcia, con su compañía y la de Luis Linares Girela (tanto monta, monta tanto).

Todavía recuerdo, como si fuera ayer, su entusiasmo, su verbo cálido, su saber transmitir, su fantástica experiencia... El teórico "maestro" se quedaba empequeñecido en aquel autobús ("la Galopera"), en el que Tomás y Luis sembraban vocaciones, despertaban inquietudes, transmitían todos los conocimientos... Era por tus tierras murcianas, era por los secanales del alma, era por los suelos irredentos, era por los sueños del agua...


Hablar con ellos era dejar brotar al manantial eterno del afecto, dejar fluir a las fuentes de la amistad, dejar sentir la infiltración profunda de sentimientos... ¡Gracias Tomás por tus testimonios, y por donar gentilmente tus saberes!

Rafael Fernández Rubio

Y, nada más publicar este relato, lo enviaba a Tomás para su revisión:

Su respuesta inmediata era la siguiente:


¡FANTÁSTICO!  No quito ni pongo una letra. Eres un buen maquetador. Pero sobre todo, lo que te tengo que agradecer son las palabras que me dedicas al final ¡Eres un grande global, sistémico (como dicen ahora los políticos)!; todo lo que tocas, lo dignificas y elevas.

Gracias, Rafael , por ser como eres, por hacer felices a los demás y por incluirme entre ese selecto Club de amigos

Un abrazo

Tomás

2 comentarios:

  1. Siempre será poco lo que se comente acerca de mi paisano, Tomás Rodríguez Estrella. Su cálido, ameno, didáctico y entrañable trato, lo hacen una persona a la que siempre te gusta escuchar en todas sus apreciaciones y comentarios.
    Hemos estado casi 60 años "desconectado", a pesar de haber sido amigos de la infancia; pero los designios del destino son así de "caprichosos"
    Desde aquí, un fuerte abrazo tocayo.

    ResponderEliminar
  2. A quien corresponde "contestar" es a nuestro común amigo Tomás... pero ya que se pone el "palito" me permito la licencia de subir en él.
    Tomás es un "pata negra" bien curado; es amigo con quien siempre se cuenta; es delicioso en sus relatos (y diría que lo es especialmente en los técnicos); en la "colección de amigos" tiene una casilla especial.
    Perdón por la licencia

    ResponderEliminar

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